viernes, 23 de agosto de 2013

Capítulo 26: Desgracia causada

Natasha se sentía sumamente avergonzada. Tenía la cabeza agachada, ya que no se sentía capaz de mirar a los ojos de Lisandro con todo lo que le ocultaba.



-Lisandro –Pronunció Natasha con la voz cortante-. Antes que nada debes saber que todo lo que hice, fue por mi papá. En realidad, mentí, mi papá jamás murió. Él nunca falleció. Hace seis meses fue diagnosticado de esquizofrenia. No tuve de otra que internarlo en un hospital especializado para su enfermedad. Justo ahora me llamaron de ahí para avisarme que tuvo una crisis, otra de sus tantas crisis y pienso salir a verlo.

-¿Y por qué me dices eso de que todo lo que hiciste fue por tu padre? –Preguntó Lisandro.

-Porque yo llegué a Antique Amor con un propósito –Respondió Natasha-. Todo eso de mi situación económica y de que no consigo trabajo es mentira. Todo fue para manipular a Antonio, para que me diera empleo y pudiera infiltrarme en su pastelería. En los primeros días, hice muchas cosas malas, incorrectas, inmorales, pero te juro por mi papá que ahora estoy muy arrepentida Lisandro, te lo juro por él.

-¿Sabes algo? Yo siempre sospeché que tú te traías algo entre manos –Confesó Lisandro algo decepcionado-. Y por lo visto, no me equivoqué. Pero sigo sin entender. ¿Qué tiene que ver la enfermedad mental de tu padre para que hicieras esas "cosas incorrectas" que dices?

-Es algo muy largo de hablar Lisandro, y sobretodo muy difícil –Dijo Natasha-. No sólo me es difícil a mí, sino que también resultaría muy duro para ti. Yo ahora no tengo tiempo, debo ir al hospital a ver mi papá, pero si de verdad quieres saberlo todo, está bien, acompáñame y eso te va a confirmar que lo que te digo es verdad, sólo la pura verdad

Entretanto, Sofía seguía en su habitación de hotel, sentada pensativa:



-¡Qué extraño! –Exclamó- La cobarde esa de Natasha me llamó y de repente me colgó. ¿Por qué lo haría? Debo aceptar que lo último que me dijo me dejó un poco preocupada. Esa imbécil quiere quedarse en su papel de niña buena y puede terminar contándole todo a Lisandro. Si eso llegara a pasar, mis planes se irían a la basura.


La anciana no podía evitar sentir cierta angustia.

En el apartamento de Marina, ésta se encontraba en el comedor. Tenía puesto sobre la mesa el laptop, revisando su correo electrónico.

-¡Mi jefe es un imbécil! –Se dijo- Él sabía perfectamente que estaba de vacaciones y aùn así me envió trabajo para hacer. Debería denunciarlo por acoso laboral.

En ese momento, el timbre sonó. Marina se levantó y fue a abrir la puerta. La joven se sorprendió de alegría al ver que se trataba de Valentín. Él al verla, le sonrió. Traía una bolsa en la mano.

-Hola Marina –Le saludó Valentín-. Vine a ver como estaba. Le traje un pan caliente delicioso.

-Hola Valentín, pasa por favor –Dijo Marina y Valentín pasó al apartamento. Ella cerró la puerta y Valentín tomó asiento en uno de los sofás de la sala.

-¿Y cómo se encuentra de salud? ¿Ya se siente mejor? –Le preguntó Valentín.

-Sí, de hecho ya no siento ningún dolor en ninguna parte del cuerpo –Respondió Marina al tiempo que también se sentaba en un sofá al frente de Valentín-. Fui a la droguería y compré unas pastillas muy buenas para la indigestión. Me las tomé esta mañana. ¿Y quieres tomar algo?

-Por ahora no, muchas gracias –Agradeció Valentín-. Obviamente ya debe estar enterada de todo lo que sucedió hoy en Antique Amor.

-Sí, lo vi en el noticiero –Dijo Marina-. De hecho, Lisandro estuvo esta tarde aquí. Hablamos y me contó sobre la situación de Antonio. De verdad lo siento mucho por él.

-Está muy mal, tanto que lo acompañé a un bar. Se emborrachó y empezó a decir cosas incoherentes –Dijo Valentín.

-¿Y lo dejaste solo en ese estado? –Preguntó Marina.

-Lo hubiera acompañado hasta que se cansara, pero su actitud me decepcionó –Contó Valentín-. Por más que trataba de aconsejarlo, era imposible sacarlo de ese estado de letargo. Lamentablemente, para el señor Antonio sus amigos no valemos lo suficiente. Su mundo era Antique Amor y sólo Antique Amor. Pero yo no soy el único que se ha decepcionado de él, también Lisandro.

-Tal vez deberían tenerle un poco de paciencia –Dijo Marina-. Todos sabemos que esa pastelería era muy importante para Antonio y desprenderse tan de repente de ella, lo afectó mucho, fue un golpe muy duro que no se esperaba. Mi estancia en Cartagena me hizo darme cuenta que las personas podemos cambiar. Antonio podrá ser muy egoísta, pero tampoco tiene un corazón de piedra y confío en que los estima mucho a ustedes, sus amigos.

-Ojalá sea como usted dice y tenga razón –Dijo Valentín-. Cambiando de tema, también vine para que habláramos sobre... no sé como decirlo... ¿Nuestros sentimientos mutuos?

-¡Ay Valentín! ¡Qué lindo eres! –Exclamó Marina entre risas- ¿Sabes que eso es lo que más me gusta de ti? Eres diferente a los otros hombres. Tienes algo muy especial. Posees una ternura singular que me encanta, de la cual nunca me había dado cuenta y era obvio, ya que cuando iba cada mes a Antique Amor para inspeccionar sólo te distinguía. Fue en este último mes que pudimos acercanos y conocernos más.

-Me halaga con sus palabras –Confesó Valentín que no puedo evitar sonrojarse con las palabras de Marina-. La verdad en mi vida no han habido muchas mujeres que me digan eso.

-Te digo la verdad. Es lo que veo en tí Valentín –Dijo Marina-. Yo no tengo ningún problema en empezar una relación contigo, es decir, sí quiero empezar, pero no con algo oficial, ¿me entiendes? Quiero ir paso a paso y no directo al grano como me sucedió con Antonio. Quiero que primero salgamos, que disfrutemos las cosas lindas del romance, esas cosas que hacen emocionar y enamorarse cada día más de la otra persona. Disculpa si estoy siendo demasiado cursi.

-¡No, claro que no! De hecho, a mí también me gustaría empezar de esa manera –Dijo Valentín que se levantó del sofá y fue a sentarse al lado de Marina. Los dos se miraron fijamente-. Yo también quiero estar a su lado, quererla, hacerla muy feliz. Yo nunca he tenido novia, por lo menos nunca he sentido esto que ahora siento por usted. Lo cierto es que me doy cuenta que es una mujer maravillosa, hermosa, la que quiero para mí. Ese es mi mayor deseo en este momento.

Valentín tomó a Marina de las manos. Ella se sorprendió por el gesto, pero le sonrió a Valentín.

En un hospital mental de la ciudad, se encontraban Lisandro y Natasha en los corredores por los que estaban ubicados los cuartos. Por aquellos corredores no había nadie, más que ellos y una joven enfermera que los atendió.

-Sólo porque la conozco, le dejo ver a su padre a esta hora –Le dijo la enfermera a Natasha-. Sabe muy bien que no es momento de visita y si me llegan a descubrir, me voy a meter en problemas serios.

-No te preocupes Micaela –Dijo Natasha-. Te aseguro que es la última vez que visito a mi papá por la noche. Tú sabes que me era necesario venir hoy por esa nueva recaída que tuvo, pero de verdad, es la última vez.

-Está bien –Dijo la enfermera-. Acompáñenme.

La enfermera fue al cuarto donde estaba internado el padre de Natasha. Tanto la modelo como Lisandro siguieron a la enfermera. Cuando llegaron, se pararon frente a la puerta que tenía una ventanilla transparente por la que se podía ver al interior.

-Ahí está. Como es peligroso, no puedo abrir la puerta. Lo siento –Dijo la enfermera.

Natasha y Lisandro se acercaron a la puerta y miraron por la ventanilla. Ahí vieron al señor, atado a una camisa de fuerza y sentado en el piso mirando al techo. A Natasha se le salieron las lágrimas al ver a su padre.

-¿Lo ves Lisandro? –Preguntó Natasha- Ese es mi papá, un hombre que ya no es la sombra de lo que era antes. Verlo así me duele mucho, me siento impotente no poder hacer algo para curarlo, para que vuelva a ser mi papá.

-Se le aplicó un sedante hace unos minutos –Dijo la enfermera-. Por eso se calmó. Ya le debe estar haciendo efecto. Los dejo solos. No se demoren mucho por favor.

La enfermera Micaela se retiró.

-¿Y por qué mentiste diciendo que había muerto Natasha? –Le preguntó Lisandro- Si amas tanto a tu papá, ¿cómo pudiste utilizarlo para entrar a trabajar en Antique Amor? Fue algo muy serio, no debiste jugar con eso.

-Yo estaba completamente desesperada Lisandro –Se excusó Natasha-. Lo que gano en una pasarela no me alcanzaba para costear el tratamiento que mi papá necesita para curarse, ni siquiera para comparle sus medicamentos, ya que el hospital no los cubre. Por eso, tuve que aceptar un trabajo, un trabajo que iba en contra de todo lo que mi papá me había enseñado.

-¿Un trabajo? –Se sorprendió Lisandro- ¿Qué clase de trabajo?

-Fue tu abuela –Respondió Natasha-. Ella...me contactó. Mandó a un detective para investigarme y por eso se enteró de mi situación. Me prometió pagarme una alta suma de dinero, muchísimo más de lo que yo ganaba con mi profesión, pero la única manera en la que me daría ese dinero era apartándote a ti de Antonio. Debía enamorarlo a él, para que tú te decepcionaras.

-Eso es muy difícil de creer Natasha. No lo creo, no me hago esa idea en mi cabeza –Dijo Lisandro.

-Es la verdad, perdóname pero tu abuela es una completa desgraciada. Está desquisiada –Dijo Natasha-. Ella descubrió que tú... estabas enamorado de Antonio por una carta, no lo recuerdo muy bien. Al parecer, luego de que ella te echó de Nueva York, descubrió una carta entre tus cuadernos, escrita por tí y que iba dirigida a Antonio. En esa carta le confesabas a él que lo querías, bueno, como te digo no lo recuerdo muy bien. Después de eso, Sofía investigó donde estabas, donde vivías y al enterarse que trabajabas cerca de Antonio, me contactó, para no permitir que entre ustedes pudiera suceder algo.

-No sé qué pensar. Esto me deja sin palabras, me deja confundido –Dijo Lisandro dándose vuelta frustrado-. Yo nunca te conté cuál fue el motivo por el que partí de Nueva York, sin embargo, lo sabes –Y volvió a darle la cara a Natasha-. Sabes que fue por mi abuela que me echó.

-Lo sé porque ella me lo dijo. Tus abuelos no pudieron consentir que tuvieran un nieto gay –Dijo Natasha-. A causa de eso te echaron. Yo lo sé porque tu abuela me lo dijo todo Lisandro. Yo no te pido que me creas. Ahora lo que me importa es que sepas la verdad, porque me abrume ocultártela.

-Yo quisiera creer lo que me dices, y sé que mi abuela es una mujer maquiavélica, pero para llegar a el extremo de contactar a una modelo súper conocida para separarme a mí de Antonio, suena como algo sacado de una telenovela –Dijo Lisandro-. ¿Mi abuela por qué haría eso? A ella yo no le importo en la más mínimo, como tampoco le tiene por qué importar lo que haga con mi vida. A mi abuela le daría lo mismo que tuviera una relación con Antonio, si fuera posible, claro.

-Es que ella está a punto de quedar en quiebra. La microempresa que maneja va a quedar en la bancarrota –Dijo Natasha-. Y como no quiere quedarse en la calle, piensa que casándote con una millonaria su situación económica va a mejorar. Por ese motivo vino a Colombia, para hacerte la vida imposible, para obligarte a que cumplas con sus caprichos. Lo peor de todo es que en parte lo logró. Doña Sofía es la causante de esa intoxicación que hubo en Antique Amor. Todo fue planeado, hasta que Antonio fuera demandado, para que tú en medio de la desesperación vayas a pedirle ayuda. De esa manera te piensa manipular. Te va a poner como condición regresar con ella a Nueva York y casarte. 

-Eso es imposible Natasha, no puede ser –Dijo Lisandro, al tiempo que le invadían las ganas de llorar. En su garganta se formó un nudo.

-Yo te lo dije antes de que viniéramos aquí. Te dije que te iba a afectar –Dijo Natasha-. Tu abuela fue tan desgraciada que me citó una noche a un restaurante para entregarme un líquido. Ese líquido yo lo tenía que mezclar en la masa de los pasteles de Antonio. En pocas palabras, quería mi ayuda. Yo me indigné tanto frente a eso, que la dejé plantada. Me negué a hacerlo y me amenazó.

-¿Hablabas con ella justo cuando yo llegué? –Le preguntó Lisandro.

-Sí. La llamé para decirle sus verdades, y me amenazó nuevamente –Respondió Natasha-. Doña Sofía logró darme un poco de dinero para comprarle los medicamentos a mi padre, cuando hicimos la fiesta de Halloween. Esa noche yo debía seducir a Antonio, debía emborracharte y debía hacer que Valentín se encargara de ti. 

-¿Cómo pudo mi abuela pisotearme de esa manera? –Se preguntó Lisandro sollozando y con una enorme ira- ¿Cómo pudo ser capaz? Y así fue tan hipócrita que se apareció en tu apartamento y fingió no conocerte. ¡Y tú hiciste lo mismo! Las dos se burlaron de mí frente a mis narices, pero lo peor es que los propósitos de mi abuela también alcanzaron a Antonio y él está a un paso de quedar condenado a cárcel. ¿Te das cuenta de la magnitud de lo que hiciste Natasha?

-Perdóname Lisandro –Le suplicó Natasha entre lágrimas-. Desde lo profundo de mí te digo que estoy arrepentida, muy arrepentida de eso. Todo lo hice por mi papá, pero sé que no se justifica. Perdóname.

-No es necesario que me pidas perdón Natasha, porque a mí no me corresponde hacerlo –Dijo Lisandro-. El perdón es de Dios. Lo importante es que estás arrepentida y reconoces que hiciste mal. Pero mi abuela es una cínica, una hipócrita. Tú sólo fuiste su títere, un títere que se dejó manejar. Ella es la mente maestra de todo. ¡Qué denigrante! Pero esto no se puede quedar así. Sofía Villegas va a tener que aceptar todo dándome la cara.

Por otra parte, en Antique Amor, Antonio se encontraba adentro, con las luces apagadas. Las luces de la vitrina donde se exhibían los pasteles, que estaba prendida, era lo único que iluminaba el establecimiento. El joven caminaba entre las mesas, triste. Estaba muy apegado a ese lugar y a su mente llegaron diversos recuerdos, como la noche de aniversario, en la que todos estaban reunidos:

"-¡Listo! ¡Ya voy a tomar la foto! –Dijo Antonio.

-¡Espera, espera! –Le detuvo Lisandro- ¿Les parece que estoy bien? ¿Tengo bien peinado el flequillo?

-Sí Lisandro, no te preocupes, estás guapísimo –Respondió Natasha-. ¿Y yo? ¿También estoy bien peinada? ¿No tengo el maquillaje corrido o algo?

-Te aplicaré un poco de rubor. No querrás salir muy pálida –Dijo Lisandro que sacó de su bolso la cajilla de rubor y le aplicó a Natasha con una esponjilla en cada pómulo de su cara con delicadeza.

-Listo señor Antonio, adelante, tome ya la foto –Dijo Valentín, luego de que Lisandro terminara de maquillar a Natasha.

Antonio estiró el brazo izquierdo, con el fin de que todos lograran quedar fotografiados. Los cuatro se juntaron mientras sonreían felices. Antonio tomó la foto".

-Todo se quedó aquí –Se dijo Antonio sollozo-. Pero no se puede hacer nada. Sólo me quedan ellos... mis amigos. Mis mejores amigos a los cuales he tratado mal cuando son lo único que me queda. ¡Qué idiota he sido con ellos!

Antonio recordó algo más, de hace unos momentos, cuando estaba en el bar con Valentín hablando:

"-Señor Antonio, no se resigne tan facilmente. Todo no está perdido todavía –Dijo Valentín-. Si se apoya en sus amigos, estoy seguro que saldremos adelante todos juntos y cuando menos piense, estaremos trabajando de nuevo en Antique Amor, haciéndola cada día una excelente pastelería.

-Eres muy ingenuo con la realidad Valentín –Comentó Antonio-. La vida no es tan fácil. Las cosas no son tan fáciles.

-Las cosas no son fáciles para aquel que no cree –Dijo Valentín-. Y por lo visto, usted no cree en sus amigos ni mucho menos en usted. Es la primera vez que me decepciona señor Antonio, porque siempre lo consideré como un maestro que me enseñó a no rendirme nunca, sino a perseguir los sueños trabajando duro. Realmente me decepciona".

-Valentín tiene toda la razón. Lisandro también tiene toda la razón –Continuó hablando Antonio para sí mismo-. ¿Qué demonios me pasa? Si seguimos juntos, podemos salir adelante de nuevo.

Afuera de Antique Amor, se encontraba una persona misteriosa. Estaba encapuchado, vestido de negro y usaba unos guantes de cuero del mismo color. Esa persona regaba gasolina de un recipiente alrededor de la pastelería, y cuando terminó, tiró el recipiente, sacó de su bolsillo una cajilla y de ella, sacó un cerillo el cual encendió. La persona misteriosa arrojó el cerillo sobre la gasolina regada y en menos de cinco segundos Antique Amor quedó envuelta en llamas. La persona salió corriendo de allí y adentro, Antonio no se imaginaba el peligro de muerte que estaba corriendo, la desgracia causada que estaba a punto de caer sobre él.

En la habitación de hotel donde se estaba hospedando Sofía, ésta última escuchó que tocaban la puerta. La anciana fue a abrir. Era Lisandro y Natasha; al ver a la modelo, Sofía se sorprendió, ya que sólo esperaba a su nieto.

-Buenas noches abuela –Le saludó Lisandro-. ¿Podemos pasar? Necesito hablar algo muy importante contigo.

-Claro, pasa –Dijo Sofía con indiferencia.

Los jóvenes pasaron a la habitación. Natasha cerró la puerta.

-Y bien, ¿para qué me llamaste e insististe tanto en venir hasta aquí? –Le preguntó Sofía a Lisandro- Pensé que vendrías solo, pero veo que trajiste compañía.

-Por favor abuela, deja de fingir. Deja de ser tan hipócrita –Dijo Lisandro-. No es necesario, porque ya lo sé absolutamente todo. ¿Por qué actúas como si no conocieras a Natasha si antes la conoces mejor que yo?

-No entiendo de qué estás hablando –Dijo Sofía dándole la espalda a Lisandro.

-¿A no? ¿Por qué no te quitas la máscara de una buena vez? No trates de seguir tomándome por idiota –Dijo Lisandro con severidad-. ¿Así que le pagaste a una hermosa modelo para sedujera a Antonio y lo apartara de mí? ¿Te aprovechaste de que el padre de esa mujer padeciera una enfermedad mental? ¿Fuiste de capaz de culpar a Antonio de algo que no hizo para perjudicarlo ¡Vamos! ¡Acéptalo dándome la cara! ¿O piensas negarlo?

-¿Así que la estúpida de Natasha te lo contó? –Dijo Sofía volteando de nuevo y mirando retadoramente a Lisandro- ¡Pues sí! ¡No tengo por qué negarlo! Lo acepto. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Denunciarme?

-¿Cómo es posible que seas así? ¿No sientes vergüenza reconocer semejante cosa tan campante? –Preguntó Lisandro- Pensé que por lo menos lo aceptarías con humildad o que hasta lo negarías, pero me equivoqué.

-Eres muy ingenuo Lisandro –Dijo Sofía-. Yo no tengo que negar nada. Todo lo que he hecho ha sido lo mejor, lo que más conviene. Si sabes la verdad, está bien. No me pienso angustiar, ni echarme a llorar. De todos modos, tendrás que regresar conmigo a Nueva York para casarte, te guste o no. No olvides que tu queridísimo amigo Antonio está de por medio y si yo quiero, lo puedo refundir en la cárcel por mucho tiempo. No tienes opción. Depende de ti si la vida de Antonio se arruina más de lo que ya está.

Y frente a esas palabras, una mezcla de sentimientos invadieron a Lisandro: enojo, decepción, sorpresa, miedo e impotencia. Natasha indignada decidió intervenir.

-Usted no es más que una vieja cínica y sinvergüenza. Su nieto se acaba de enterar de todo y sin importarle, continúa amenazándolo. ¿No se ha dado cuenta que si Lisandro quiere la puede demandar por difamación? Se metería en graves problemas si la policía se entera que toda esa intoxicación fue causada por usted y no por Antonio que es inocente de todo.

-Ni a Lisandro, ni a ti, ni al imbécil de Antonio les conviene demandarme –Dijo Sofía-. Si alguno de ustedes llega a hacerlo, se pueden arrepentir. ¿Piensan que pueden salirse con la suya? No. Podré estar vieja, pero no he perdido mi astucia. ¡Como sea haré que Lisandro se case y me saque de la ruina! ¡Como sea!

-¡Vieja desgraciada! –Le gritó Natasha que iracunda, fue y abofeteó a Sofía.

-Natasha, cálmate –Le pidió Lisandro, deteniendo a Natasha para evitar que pudiera volver a golpear a Sofía-. A golpes no vamos a solucionar nada. Y tú abuela, necesitas ir urgente a un psquiátra, porque estás loca. ¡Loca por completo para maquinar semejantes cosas! De ninguna manera me vas a obligar a nada, ni siquiera manipulándome poniendo de por medio a Antonio. Antes de que me obligues a algo, te vas directo a un manicomio y con justa razón.

-Ya lo veremos Lisandro. ¡Tú eres mi nieto y me debes obedecer! –Dijo Sofía- Pero como eres tan terco y te abstienes tanto, deberé reprenderte severamente. Sólo así verás mucho más de lo que soy capaz de hacer para ponerte en tu sitio.

-Pues si esa es tu última palabra, mi última palabra es que nada me hará someterme a ti. Óyelo bien: ¡nada! Mejor vámonos de aquí Natasha. Ya no tenemos nada más que hacer –Concluyó Lisandro, que le dio una última mirada de recelo a su abuela y salió de la habitación junto a Natasha.

En Antique Amor, Antonio continuaba recorriendo la pastelería, pero se detuvo cuando empezó a sentir un olor extraño y un intenso calor.

-Huele como si algo se estuviera quemando –Se dijo al tiempo que respiraba el olor.

Antonio siguió aquel olor hasta la entrada de la pastelería, sorprendiéndose al ver unas inmensas llamas consumiendo todo, con las cuales era imposible salir. El joven se cubrió con el brazo la boca y la naríz para evitar que pudiera respirar el humo.

-¿Pero qué es esto? –Preguntó Antonio muy asustado- ¿Cómo pudo causarse incendiarse la entrada así?

Antonio salió corriendo para la cocina, pero su sorpresa fue más al ver que ésta también ardía en llamas, mucho más que en la entrada. Como en la cocina había un extinguidor, Antonio lo tomó y trató de apagar el fuego, pero era inútil, ya que la magnitud del incendio era muy grande. Al ver que el fuego no cesaba, Antonio tiró el extinguidor al suelo:

-¡Demonios! –Gritó enojado- ¿Cómo se supone que voy a salir de aquí? ¿Cómo no me di cuenta antes?

De repente, debido a una grieta en la tubería, empezó a salir gas. Antonio desesperado, intentó ver por todas partes una manera de salir mientras tosía. Fue así como vio una ventana a la que era posible llegar, ya que las llamas no le impedían el paso. Sin dudarlo, Antonio corrió hacia allí, abrió la ventana y saltó. No pasaron ni dos segundos para que Antique Amor explotara en medio de un intenso y aterrador fuego.

Marcus caminaba por una acera solitaria, tomó su celular y llamó a Sofía. Ésta última contestó, no sin antes ver en la pantalla de quien se trataba.

-¿Hiciste el trabajo que te pedí? –Le preguntó Sofía.

-Así es. Esa pastelería va a quedar reducida en miserables cenizas. No quedará nada de ella –Respondió Marcus.

-¡Perfecto! –Exclamó Sofía- Lo más seguro es que Lisandro sospechará que yo he sido la causante de todo. Yo le confesaré de manera indirecta y misteriosa, por lo que le quedará la duda de si realmente yo mandé a quemar la pastelería o no. Mi nieto va a empezar a darse cuenta de todo a lo que soy capaz de llegar cuando quiero algo.

-Es usted una mujer muy inteligente doña Sofía –Comentó Marcus-. Me sorprende su perseverancia y también la admiro. Pero si Lisandro tampoco cede a casarse con esto, ¿qué más piensa hacer?

-Es imposible que Lisandro sea tan duro, pero si por alguna razón, continúa absteniéndose, ya iré pensando que más hacer –Dijo Sofía-. Lo cierto es que él, tarde que temprano, se casará, me hará más rica, me sacará de la bancarrota...

-También recuerde que a parte de eso, va a ser mi amante –Dijo Marcus.

-Si es tu amante o no, me importa un bledo –Dijo Sofía-. Lo que haga Lisandro me vale. Lo único que me interesa de él, es como pueda beneficiarme. Hablaremos luego. Te estaré llamando.

Sofía colgó el celular. Marcus también lo colgó, lo guardó y sonrió con malicia:

-Yo no puedo esperar a que Lisandro se case para que esté en mis manos –Se dijo-. Él debe ser mío antes. Debo tenerlo para mí.

Por otra parte, Lisandro y Natasha llegaron al apartamento de ella. Entraron, prendieron las luces y se sentaron exhaustos.

-Aún se me dificulta creer todo de lo que me enteré en tan sólo un día –Comentó Lisandro-. Nunca me imaginé que mi abuela estuviera tan obsesionada con controlarme para llegar a lo que fue capaz. Me cuesta aceptarlo, pero está perdiendo la razón.

-Estoy de acuerdo contigo –Convino Natasha-. Esa anciana está loca Lisandro, loca por completo para idearse tantas locuras en su mente perturbada.

-Pero por más locuras que sean, al final... tendré que hacer caso a ellas –Dijo Lisandro con cierta tristeza en su voz.

-¿Cómo puedes decir eso Lisandro? ¿No te das cuenta que sería darle gusto a tu abuela? –Preguntó Natasha- Eso sería darle a ella la razón, el triunfo.

-¿Qué más puedo hacer Natasha? No tengo opción –Dijo Lisandro-. Por más que intente aparentar frente a mi abuela que soy terminante, en el fondo me asusta. No puedo permitir que para manipularme le haga daño a algunos de mis amigos, ni mucho menos a Antonio que ya ha tenido bastante con lo sucedido en Antique Amor.

-Me gustaría ayudarte, pero no sé como. Me siento impotente –Dijo Natasha-. Definitivamente esa anciana es una desgraciada.

-Te agradezco por tu preocupación Natasha, pero no es necesario que hagas algo –Dijo Lisandro-. Esto debo solucionarlo yo. Lo mejor es que antes de que mi abuela les haga daño a las personas que quiero, regrese con ella a Nueva York y me case, así eso vaya en contra de mis principios y de mi felicidad.

-Yo insisto en que no deberías Lisandro, no te sacrifiques así –Insistió Natasha-. Aún tienes mucho por delante, demasiado porque eres muy joven. No te puedes casar con una mujer por la que no vas a sentir absolutamente nada.

-No Natasha, ya dije que no. No hay que verlo por el lado malo –Dijo Lisandro-. También podemos verlo por el lado bueno. Luego de que le de gusto a mi abuela y por fin se quede contenta con la plata que conseguirá a costa mía, es posible que... mi esposa, más que eso, sea como una amiga. Si llego a casarme, puedo ser claro con ella y hablarle respecto a mis sentimientos e inclinaciones.

-No seas ingenuo. Aunque intentes verlo por el lado bueno, en el futuro esa vieja va a seguir manipulándote –Dijo Natasha-. Sofía no entiende razones, es inescrupulosa, denigrante, no le importa si su bienestar es a costa de lo correcto o de lo incorrecto. ¿Quieres vivir así toda tu vida? ¿Quieres vivir siendo un pelele, el títere de tu abuela? ¿Eso quieres Lisandro?

-Ya no más, por favor. Te suplico que te calles –Le pidió Lisandro muy triste, pues sabía que Natasha tenía la razón-. Lo único que sé es que no puedo a esperar a que mi abuela haga algo más, no puedo, entiéndelo. En cuanto pueda, debo hablar con ella, así me vea humillado. No tengo salida. Me tiene en sus manos.

Lisandro se levantó y se fue a su cuarto, sintiéndose impotente respecto a su situación. Natasha le miró con pesar, mientras suspiraba.

-Esto está pasando por mi culpa –Se dijo la joven-. Debo encontrar una manera de que esa anciana desgraciada no se salga con la suya. No se lo voy a permitir, así sea lo último que haga. Lo haré por limpiar mi nombre, por mi papá y por mis amigos a los que tanto he afectado.

Un par de horas después, afuera de Antique Amor, estaban estacionados varios camiones: el de bomberos, uno de policía y una ambulancia. Una gran multitud de personas veían lo ocurridos; Antique Amor había quedado reducida a cenizas, aunque el establecimiento permanecía en pie pero quemado por completo. Ya no había fuego, puesto que los bomberos habían cesado las llamas. 

Algunos oficiales de policía les hacían preguntas a las personas sobre lo ocurrido y Antonio era llevado, inconsciente sobre una camilla por paramédicos y subido a la ambulancia. El joven llevaba puesta una mascarilla entre la boca y la nariz, además tenía la piel de la cara sucia por el hollín. Un equipo de periodistas llegó al lugar para cubrir la noticia sobre lo ocurrido.

En su apartamento, Natasha estaba viendo la televisión en la sala, pasando de canal en canal. Decidió dejarlo justo en el noticiero donde se emitía la noticia de Antique Amor. Una periodista narraba los hechos:

-Nos encontramos a las afueras de la pastelería Antique Amor, donde no hace muchos minutos, fue consumida por un voraz incendio seguido de una fuerte explosión que dejó al establecimiento a sólo un paso de desplomarse.

-¡Dios mío! –Exclamó Natasha muy preocupada. La periodista continuó narrando:

-Hasta el momento sólo se reportan daños materiales, con un único herido que resulta ser Antonio Guarín, el dueño de la pastelería, quien justo hace unos momentos fue llevado de urgencia al hospital. Aún se desconoce su estado. Debemos recordar que contra Antonio Guarín fue levantada esta mañana una demanda por daños y perjuicios, a causa de una intoxicación múltiple a sus clientes...

Natasha se levantó corriendo a la habitación de Lisandro, mientras gritaba angustiada su nombre:

-¡Lisandro, Lisandro!

Lisandro al escuchar, salió de su cuarto extrañado por los gritos de la modelo.

-¿Qué pasa Natasha? –Le preguntó- ¿Por qué gritas así? ¿Que te sucede?

-Ocurrió una desgracia. Lo acabo de ver en el noticiero, otra desgracia –Dijo Natasha desesperada-. Ocurrió algo horrible en Antique Amor, con Antonio... Antonio...

-¿Qué pasó con Antonio? No te entiendo nada. ¿Qué viste en el noticiero para que te alteraras de esta manera? –Preguntó Lisandro.

-Antique Amor se quemó. ¡Se quemó Lisandro! –Respondió Natasha- Un incendio acabó con todo, no sé como pasó, lo cierto es que se llevaron a Antonio al hospital herido. No sé si está grave.

-¿Qué? ¿Pero cómo es posible? –Se sorprendió Lisandro- Eso no puede ser Natasha. ¿Estás segura?

-Lo vi en el noticiero. Antique Amor quedó destruida por completo, está hecha cenizas –Le aseguró Natasha-. Alcancé a ver que el techo se cayó. La pastelería está quemada.

-Es que no puede ser posible. No. Tenemos que ir ya mismo a ver como está Antonio –Dijo Lisandro-. No nos podemos quedar aquí con la incertidumbre de saber como sucedió todo. ¿A qué hospital fue llevado?

-No lo sé, no dijeron en la televisión. Lo más seguro es que fue llevado a un hospital cercano –Dedujo Natasha-. Podemos buscar en el directorio hospitales aledaños a Antique Amor, llamamos y averiguamos. ¿Te parece?

-Claro, es lo mejor que podemos hacer. Todo en este momento es aceptable –Dijo Lisandro.

Por otra parte, Marcus también había visto la noticia por la televisión de una cafetería. Se sintió un poco asustado, pues no tenía conocimiento de que Antonio estaba dentro de la pastelería cuando causó el incendio.

-Si al tipo ese le llega a pasar algo, va a ser mi culpa –Pensó Marcus-. No esperaba que estuviera dentro de la pastelería. Me convertiría en un asesino si muere.

Sofía también vio la noticia en la televisión que tenía ubicada en su habitación de hotel. La maquiavélica anciana sonrió con satisfacción, pero a la vez con un toque de malicia.

-El trabajo que hizo Marcus no estuvo para nada mal –Se dijo-. Mató dos pájaros de un solo tiro. Por una parte quemó la inmunda pastelería esa e hizo que el imbécil de Antonio sufriera un "accidente". Si se muere mejor. Habrá una lacra menos en el mundo, aunque pensándolo bien, no me convendría que muriera. Ahora no debe tener ni en qué caerse muerto, tiene deudas por doquier. Lisandro no se podrá resistir frente a esto. Él no es tan insensible. Ahora sí, hará lo que quiero. Sé que no me equivoco.

Lisandro y Natasha llegaron finalmente al hospital donde Antonio había sido llevado. Entraron algo apresurados:

-¿Estás segura que éste es el hospital Natasha? –Le preguntó Lisandro.

-Sí, no soy muy buena con las direcciones, pero tampoco soy tan bruta para no llegar –Dijo Natasha-. Además le dimos la dirección al taxista y él nos trajo aquí. Por ende, ese debe ser el hospital.

-Preguntémosle a la señorita de la recepción –Dijo Lisandro y ambos se acercaron a la recepción, donde le preguntaron a la joven encargada si Antonio estaba internado en aquel hospital. La respuesta de la recepcionista fue afirmativa al revisar en el computador la lista de pacientes.

-Así es. El señor Antonio Guarín está internado aquí –Dijo-. Ingresó hace media hora a cuidados intensivos.

-¿A cuidados intensivos? –Preguntó Natasha- ¿Pero por qué? ¿Acaso está muy grave?

-No lo sé exactamente señorita –Respondió la recepcionista-. Lo único que puedo decirle es que el señor Guarín entró inconsciente con un severo golpe en la cabeza. Hasta el momento no se me ha reportado más información. Pueden quedarse en la sala de espera y cuando el doctor encargado salga les dará noticias.

-Está bien muchas gracias –Le agradeció Lisandro.

Juntos se fueron a sentar en las sillas de la sala de espera, tal y como se los indicó la recepcionista.

-¿Qué vamos a hacer Natasha? No sé tú, pero yo estoy al borde de la desesperación sin saber qué le pasó a Antonio –Dijo Lisandro

-A mí me pasa igual Lisandro, porque Antonio es mi amigo y me preocupa –Dijo Natasha-. Pero debemos tener un poco de paciencia. No entiendo como pudo haber sucedido esto. ¿Cómo pudo incendiarse Antique Amor? No lo entiendo.

-El único que puede darnos esa respuesta es Antonio –Dijo Lisandro-. Ojalá despierte pronto y nos cuente como sucedió todo. Yo deduzco que tal vez pudo ser una avería en la tubería del gas, no sé, aunque lo dudo porque Antonio era responsable con el mantenimiento. No sé.

-Deberíamos avisarle a Valentín y a Marina –Dijo Natasha-. Seguro vieron el noticiero, pero deben tener la duda de en qué hospital se encuentra Antonio.

-O tal vez no saben nada. Yo llamaré a Marina –Dijo Lisandro, que sacó su celular del bolso y tal como dijo, llamó a su amiga Marina.

Marina estaba en su apartamento, viendo una película en el DVD con Valentín. Ambos estaban sentados en un sofá, muy cercanos al uno al otro y comiendo palomitas de maíz.

-Es la primera vez que veo a un hombre, que le gustan las películas románticas –Comentó Marina emocionada.

-Pues ya ve. A mí me gustan mucho porque reflejan el verdadero amor entre dos personas –Dijo Valentín-. Más bien me considero un espectador crossover, veo un poco de todo género.

-Valentín, entre otras cosas, ya deja de tratarme de “usted”. Trátame con más confianza –Dijo Marina-. Tutéame.

-Es que no estoy muy acostumbrado a llamar a las personas así –Dijo Valentín algo avergonzado.

-Pues ya te vas a tener que acostumbrar. Aún no somos novios oficiales, pero debemos ir paso a paso y tratarnos con más confianza hace parte de ese proceso –Dijo Marina.

En ese momento, el celular de la joven sonó. Marina se levantó del sofá para contestar y antes de hacerlo, vio en la pantalla que se trataba de Lisandro.

-Hola Lisandro –Contestó Marina algo extrañada-. ¿Cómo estás?

-Marina, perdón que te llame a esta hora, pero es que debo informarte de algo sumamente importante –Dijo Lisandro con un tono de voz bastante abrumado.

-¿Qué pasó? Por como me hablas, intuyo que no es nada bueno –Dijo Marina.

-No lo es. Supongo que estás con Valentín, así que infórmale también a él que Antonio sufrió un accidente –Contó Lisandro.

-¿Qué? –Se sorprendió Marina- ¿Pero qué le pasó? ¿Cómo?

-Estaba en Antique Amor cuando la pastelería se incendió –Respondió Lisandro-. En el noticiero salió la nota. Todo el establecimiento quedó en cenizas, quemado por completo. Trajeron a Antonio al hospital, pero está inconsciente.

-¡Dios mío! –Exclamó Marina- Ya mismo le digo a Valentín y salimos para allá. ¿A qué hospital llevaron a Antonio?

Lisandro le dijo a su amiga el hospital correspondiente. Horas después, cuando el hospital ya estaba algo desolado, en la sala de espera estaban Lisandro, Natasha, Marina y Valentín. Estos tres últimos estaban sentados. Como hacía algo de frío, Valentín abrazaba a Marina. Natasha estaba pensativa, mientras cruzaba las piernas y Lisandro caminaba de un lado a otro. En un momento dado, Marina bostezó:

-¿Qué hora es? –Preguntó Marina.

-Ya son más de las once –Respondió Natasha, luego de haber mirado la hora en su celular.

-Es casi media noche y aún no nos dan noticias de Antonio –Dijo Lisandro con cierta desesperación-. ¿Cómo es posible? Hace mucho rato lo trajeron y aún el médico que lo examina no sabe qué tiene. ¡Qué negligencia!

-Es mejor que se calme –Le dijo Valentín a Lisandro-. Hace rato está de un lado para otro. Se va a agotar.

-¿Qué más puedo hacer Valentín? –Preguntó Lisandro- ¿No te das cuenta que Antonio entró inconsciente a este hospital y a estas horas no sabemos nada de él? Espero que ese golpe en la cabeza no vaya a afectarlo de ninguna manera.

En ese momento, el deseo de Lisandro se cumplió. El médico que atendía a Antonio llegó a la sala de espera. Inmediatamente todos los presentes se levantaron. Lisandro era el más interesado en saber el estado de Antonio.

-¿Son familiares del señor Antonio Guarín? –Preguntó el médico.

-Somos sus amigos doctor –Dijo Lisandro-. ¿Cómo está él? ¿Ya despertó? ¿Estás consciente?

-Por favor, ojalá sean buenas noticias –Dijo Marina.

-Desgraciadamente no señorita –Respondió el médico-. El señor Guarín aún no despierta. El severo golpe que sufrió en la cabeza, le dejó como consecuencia un peligroso hematoma –Contó el médico el diagnóstico-. A parte de eso, tiene un esguince en el pie derecho y quemaduras de segundo grado. Aún es muy pronto para diagnosticarle un coma, falta hacerle unos estudios, pero estamos haciendo todo para mantenerlo en controles.

-No puede estar pasando esto –Dijo Lisandro, al tiempo que le invadían las ganas de llorar.

-Es mejor que se vayan a sus casas a descansar –Dijo el médico-. Dejen sus datos de contacto en la recepción para mantenerlos informados del estado del señor Guarín.

El médico se retiró de la sala de espera. Lisandro fue a sentarse consternado por todo lo sucedido.

-¡Pobre señor Antonio! –Exclamó Valentín- Con todo lo que le ha pasado hoy es como si se le viniera el mundo encima.

-Ya lo se vino Valentín, ya se lo vino –Dijo Lisandro-. No me cabe en la cabeza como en tan solo un día pudieron pasar tantas cosas. Primero clausuran la pastelería y demandan a Antonio, después esto. ¿Cómo es posible?

-A nosotros nos pasa igual Lisandro –Dijo Marina-. Pero si algo he aprendido de la vida, es que frente a estos golpes no podemos rendirnos, sino al contrario: levantarnos. 

-Sé perfectamente lo que dices Marina, pero ¿de qué otra manera nos vamos a desahogar? –Dijo Lisandro-. Es injusto lo que está pasando con Antonio. ¡Es que no entiendo nada! ¿Qué hacía él en Antique Amor? ¿Cómo se incendió?

Al final, Lisandro no pudo evitar que le saltaran las lágrimas de la impotencia. Natasha lo abrazó para consolarlo. Marina y Valentín miraban tristes. Al día siguiente, en el apartamento de Natasha, Lisandro ya se estaba arreglando para volver al hospital. Estaba en su cuarto, peinándose el cabello y mirándose al espejo, cuando se detuvo un momento a recordar las palabras de su abuela la noche anterior:

-Eres muy ingenuo Lisandro –Dijo Sofía-. Se ve que aún no me conoces bien siendo yo tu abuela. Yo no tengo que negar nada. Todo lo que he hecho ha sido lo mejor, lo que más conviene. Si sabes la verdad, está bien. No me pienso angustiar, ni echarme a llorar. De todos modos, tendrás que regresar conmigo a Nueva York para casarte, te guste o no. No olvides que tu queridísimo amigo Antonio está de por medio y si yo quiero, lo puedo refundir en la cárcel por mucho tiempo. No tienes opción. Depende de ti si la vida de Antonio se arruina más de lo que ya está

-¿Cómo puede ser posible que mi abuela me manipule de esta manera poniéndome de por medio a Antonio? –Se preguntó Lisandro.

En ese momento, Natasha tocó insistentemente la puerta de la habitación. Lisandro se apresuró a abrir extrañado:

-¿Qué ocurre Natasha? ¿Pasó algo? –Le preguntó Lisandro.

-Así es Lisandro. Acaban de llamar del hospital. Tenemos que ir. El doctor dice que no nos tiene buenas noticias –Respondió Natasha.

Lisandro no pudo evitar que la invadiera de nuevo la preoupación. Una vez Natasha se arregló, los dos tomaron un taxi directo para el hospital donde estaba internado Antonio. Allí el médico encargado, los atendió en su oficina. Todos tomaron asiento.

-Bien doctor, ya estamos aquí. La enfermera nos comunicó que Antonio había despertado. ¿Cómo está? –Le preguntó Lisandro.

-Aparentemente el señor Guarín puede estar recuperado del accidente que sufrió anoche –Respondió el médico-. Pero en realidad, aún sigue muy grave. Como les dije, tuvo un severo golpe en la cabeza que le dejó como consecuencia un peligroso hematoma interno, que por desgracia, podría resultar mortal para él sino se interviene a tiempo.

-¡Dios mío! –Exclamó Natasha sumamente angustiada- ¿A qué se refiere con que debe ser intervenido doctor? ¿Necesita una operación?

-Así es señorita, y una operación urgente –Dijo el médico-. Como ustedes sabrán, eso es algo que no cubre el hospital. A parte de que necesitamos la autorización de ustedes por ser las personas más allegadas al señor Guarín, también necesitamos una alta cantidad de dinero por ser este un hospital privado. De lo contrario, no pasarán ni tres meses cuando haya fallecido.

Frente a esas desalentadoras palabras, Lisandro se levantó muy consternado y salió de la oficina del doctor. En la sala de espera, se llevó las manos a la boca y no pudo evitar que sus ojos se nublaran de lágrimas. En ese momento, sonó su celular. Lisandro lo sacó de su bolso y vio en la pantalla que se trataba de su abuela Sofía, pero en lugar de contestar, ignoró la llamada y apagó su celular. 

Minutos después, Lisandro se acercó a la habitación en que estaba internado Antonio. Desde la ventanilla de la puerta logró verlo desde el interior, acostado en su cama con una enfermera cambiándole el suero. Lisandro pasó. Antonio lo vio y la enfermera salió inmediatamente para dejarlos solos. 

-¿Te sientes bien? –Le preguntó Lisandro. 

-Siento que me estoy muriendo –Respondió Antonio mirando hacia la pared-. No solo me duele todo el cuerpo, sino que también… tengo un dolor insoportable por dentro. Y no es para menos. Mis sueños se quemaron en una sola noche. 

-Antonio –Pronunció Lisandro sintiéndose impotente.

-En estos momentos ni siquiera sé qué pensar –Dijo Antonio-. Yo sé que no soy una buena persona, pero tampoco le he hecho mal a nadie. Es como si quisieran volverme loco con todas las cosas malas que me están pasando. Primero me culpan de algo que no hice, luego clausuran Antique Amor y ahora resulta quemada, sin contar que tengo que pagar unas indemnizaciones injustas a los clientes intoxicados…

-Lo siento mucho Antonio, de verdad, créeme que lo siento –Dijo Lisandro con la voz quebrantada-. Si todo esto te ha pasado, es por mi culpa. Si tu mundo se vino abajo es por mi culpa. Perdóname.

-¿Qué estás diciendo? Tú no tienes la culpa de nada Lisandro. Yo no tengo nada que perdonarte –Dijo Antonio.

-¡Sí soy culpable Antonio! Yo no puedo ignorar lo que está pasando –Dijo Lisandro-. Desde que llegué a tu vida, sólo me he convertido en la piedra en tu zapato. Sólo te he traído desventuras, amarguras. ¡Yo sólo he sido un estorbo para ti! ¿Acaso no lo ves?

-¿Pero de dónde sacas eso? Yo en ningún momento te he considerado un estorbo en mi vida –Dijo Antonio- ¡Escúchame Lisandro! En un tiempo, estuve equivocado contigo, muy equivocado, pero ya me doy cuenta que eres la persona más especial que he conocido, la que más me ha comprendido y me has demostrado que de verdad me quieres.

-¡Por favor calla! ¡Ya no quiero seguir escuchando! –Dijo Lisandro entre lágrimas.

-No. Ahora que tengo la oportunidad, no la puedo desaprovechar –Dijo Antonio reciamente-. Ahora es cuando debo decirte lo mucho que… que te aprecio Lisandro. Lo mucho que te quiero. Te convertiste en una parte muy importante de mi vida. Yo no quiero que te apartes de mí.

-¿Estás seguro de lo que dices? ¿Acaso no era Antique Amor el centro de tu vida? –Preguntó Lisandro.

-Me di cuenta que no. Una persona puede apegarse mucho a algo material como yo, pero de eso no queda nada –Dijo Antonio-. En cambio, vale más tener a mi lado a personas valiosas como tú, que de verdad me quieren por lo que soy. Por ti Lisandro, es que en este momento no tengo miedo de enfrentarme a nada. Me has dado tanto tu apoyo, que no me siento cobarde.

Y frente a eso, Lisandro sólo guardó silencio. No pudo contenerse y continuó llorando por los múltiples sentimientos encontrados que tenía: alegría por las palabras sinceras de Antonio, triste e impotencia por la situación, frustración. Antonio lo miró compasivo.

-¡Ya no sigas llorando más! –Le regañó Antonio en tono de broma- Mejor ven aquí. Te quiero abrazar. 

Lisandro se limpió las lágrimas, tomó aire profundo y fue hasta la cama, donde él y Antonio se abrazaron de manera amistosa durante un largo rato. 

-No puedo negar que todavía no sé cómo le voy a hacer para pagar la deuda que tengo con esos clientes –Dijo Antonio aún abrazando a Lisandro-. Pero estoy seguro que de alguna manera podré.

A las espaldas de Antonio, Lisandro se veía pensativo. Llegada la noche, Sofía estaba sola en su habitación de hotel, bebiéndose un vodka. De repente, tocaron la puerta. 



-Pasa Lisandro –Dijo Sofía.

Lisandro pasó a la habitación. Minutos antes, lo habían anunciado con Sofía desde la recepción del hotel. 

-Ponte cómodo. Toma asiento. ¿Quieres beber algo? –Le preguntó Sofía, pero Lisandro se quedó en todo momento de pie.

-Te lo agradezco abuela, pero no necesito nada. Estoy bien –Dijo Lisandro-. Vine hasta aquí para hablar contigo seriamente. 

-Bien, pues tú dirás. ¿Sobre qué quieres hablar? Aunque ya supongo qué por la cara que traes –Dijo Sofía.

-Accedo regresar contigo a Nueva York para casarme –Dijo Lisandro directamente-. Me casaré con una mujer rica tal y como quieres para sacarte de tu bancarrota.

En ese instante, Sofía rió con una enorme satisfacción de victoria.

-Pero sólo lo haré con un par de condiciones –Continuó hablando Lisandro-. Necesito que pagues una operación que Antonio necesita con urgencia y que luego, busques la manera de exonerarlo de la demanda que los clientes intoxicados levantaron contra él.

-Ya sabía yo que te ibas a sacrificar por ese miserable repostero que no vale nada –Dijo Sofía con severidad-. Pero está bien. Acepto tus condiciones Lisandro. Pagaré la operación de tu amiguito y ya que no puedo exonerarlo de la demanda, te daré dinero suficiente para que tú o ese imbécil, les paguen las indemnizaciones a los clientes perjudicados.

-Entre más pronto puedas darme todo ese dinero, más pronto podremos volver a Nueva York –Dijo Lisandro.

-Por supuesto. Te lo daré todo y en más tardar una semana, estaremos de vuelta en Nueva York –Dijo Sofía-. Pero antes, tú me conoces y sabes muy bien que soy una mujer bastante orgullosa. ¿No es así?

-¿Y eso por qué viene al caso? –Preguntó Lisandro.

-Por el simple motivo de que tu actitud me ha resultado bastante ofensiva –Respondió Sofía-. Por eso mismo, no pienso darte ningún dinero hasta que me ruegues perdón, suplicándolo de rodillas en este mismo instante.

-¿Qué? ¿Estás loca? ¡No pienso humillarme de esa manera! –Dijo Lisandro muy indignado- ¿Qué te has creído abuela? ¿Acaso no te es suficiente todo el daño que me has hecho y que por encima te atrevas a manipularme? ¡Estás acabando con mi vida!

-Tus palabras no me van a conmover Lisandro –Dijo Sofía cruelmente-. O es eso, o no te doy nada para que salves a Antonio. Ya sabes que él se está viendo muy afectado por tu culpa. 

-¡Cínica! –Le gritó Lisandro con los ojos sollozos- Todo lo que le está pasando a Antonio no es por mí, sino por ti. Lo estás usando a él para manipularme. ¿Cómo puedes ser tan miserable? ¡Eso eres! ¡Una vieja miserable!

De repente, Sofía le lanzó una fuerte bofetada a Lisandro llena de furia y acto seguido, le lanzó otra en la otra mejilla.

-¡Imbécil! ¡A mí no me trates de esa manera! –Gritó Sofía furiosa- Suplícame perdón inmediatamente por tu altanería. ¡Hazlo ahora y de rodillas! 

Lisandro miró a Sofía con lágrimas cayendo de sus ojos. Tenía los dos lados de la cara rojos por las fuertes cachetadas que Sofía le había propinado.

-¿Qué estás esperando? –Preguntó Sofía mirándolo intimidante.

-No pienso hacerlo. ¡No lo voy a hacer! –Dijo Lisandro exasperado.

-¿A no? –Dijo Sofía con sarcasmo- En ese caso, está bien. Disfruta cuando se lleven a ese asqueroso pastelero a la cárcel y que allá, pase sus últimos días, porque ya estoy enterada que el pobrecito no tiene esperanzas de vida si no se opera a tiempo –Y soltó una malévola risa- ¿De verdad quieres ver como se le desgració la vida a Antonio sólo porque tú te negaste a pedirme perdón? ¿Eso quieres Lisandro? ¿Quieres cargar con ese remordimiento?

Lisandro poco a poco, se fue inclinando. Sofía lo miró atenta, sonriendo con una enorme satisfacción. Finalmente, el joven se arrodilló completamente humillado ante su cruel abuela y entre lágrimas le pidió perdón:

-Per… perdóname abuela. Perdóname por favor por mi comportamiento. ¡Te ruego que me perdones! ¡Perdóname! –Dijo Lisandro destrozado y entre lágrimas.

Sofía se rió ante la escena. Luego fue hasta la cama y tomó un maletín. Lo abrió y dejó regar todos los fajos de billetes que había sobre el piso, frente a la mirada humillada de Lisandro. 

-¡Ahí tienes tu anhelado dinero grandísimo estúpido! –Exclamó Sofía tirando el vacío maletín- Esta sin duda va a ser una lección de la que te acordarás toda tu vida Lisandro. Toda tu vida. Ahora lárgate de aquí. La próxima vez que nos veremos será en el aeropuerto para regresar a Nueva York. Tu vida va a cambiar mucho de ahora en adelante. 

Horas después, Lisandro caminaba por las desoladas calles, cargando una bolsa con el dinero y llorando. Ya estaba cerca al apartamento de Natasha.

-Lo hice por ti Antonio –Dijo-. Solamente lo hice por ti, porque no quiero que tu vida se arruine por mi causa. 

Justo en ese momento, Lisandro vio a lo lejos a Marcus. Al parecer lo estaba esperando en la entrada del edificio. Marcus también lo vio y corrió hacia él. Lisandro se limpió las lágrimas, sin embargo la expresión triste de su rostro no la cambió.



-¡Lisandro! ¡Qué alegría verte! –Exclamó Marcus llegando a él- Me enteré de todo lo que pasó en Antique Amor. No te había llamado porque estaba muy ocupado en mi trabajo. Lo siento mucho…

-Gracias Marcus –Le agradeció Lisandro- ¿Me estabas esperando?

-Sí. Natasha me dijo que no estabas y que ya se estaba empezando a preocupar por ti –Dijo Marcus-. Así que decidí esperarte a la salida del edificio. ¿Estás bien? Parece como si hubieras estado llorando.

-Estoy… estoy bien –Mintió Lisandro-. Marcus. Pronto tendré que regresar a Nueva York con mi abuela. Lo pensé bien y creo que es lo mejor.

-¿De verdad? –Fingió Marcus estar sorprendido- ¿Y algo te motivó a tomar esa decisión?

-Sí, de hecho son muchos los motivos que más que motivarme, me obligan a tomar esta decisión –Dijo Lisandro-. Pero no puedo contártelos. La verdad es que me duele y me es muy difícil, pero a la larga será lo mejor. Disculpa que no te cuente.

-Pierde cuidado –Dijo Marcus-. ¿Te gustaría ir a tomar algo? ¿Me aceptas una invitación a café?

-Gracias, pero ahora no me siento bien Marcus. Estoy cansado –Se negó Lisandro-. Pero te prometo que podremos ir antes de que viaje. ¿Te parece?

-Lisandro, yo no quiero que te vayas –Dijo repentinamente Marcus-. Ya no puedo seguir ocultando lo que siento por ti. Desde que te conozco, no he podido sacarte mi cabeza. No puedo dejar de pensar en ti ni por un momento. Tú… me fascinas.

-¿Qué cosas estás diciendo Marcus? ¿Sabes? Me parecen demasiado obscenas tus palabras –Dijo Lisandro algo molesto- Hablamos después. Buenas noches.

Lisandro iba a seguir con su camino, cuando de repente, Marcus lo tomó bruscamente del brazo y lo arrinconó contra una pared.

-¿Acaso no me escuchaste Lisandro? ¡Te estoy diciendo que me gustas mucho! –Exclamó Marcus muy pegado a Lisandro, tanto así que el chico comenzó a asustarse un poco.

-Sí te escuché, pero ya te dije que ahora no es el momento –Dijo Lisandro-. Mejor apártate. Realmente estoy muy agotado y quiero irme a descansar. 

-¡Para ti nunca es el momento! Pero para Antonio, siempre estás dispuesto a todo –Dijo Marcus muy enojado- ¡Ya deja de preocuparte por ese imbécil! Busca alguien que de verdad quiera corresponder a tus intereses. Yo por ejemplo.

-¿Sabes qué? Esta conversación ya comienza a molestarme un poco, así que te pido de la mejor manera que te apartes Marcus –Dijo Lisandro-. Mis sentimientos son mis sentimientos. Tú no tienes por qué cuestionarme. ¿Qué te pasa?

-Pasa que ya no soporto más tu indiferencia. Quiero que seamos algo más que amigos. Quiero que seas mi amante. Quiero que estemos juntos –Dijo Marcus- Vamos ahora mismo a un motel.

Y justo cuando Lisandro escuchó las palabras de Marcus, no pudo de la indignación y lo empujó fuertemente.

-¿Cómo te atreves a proponerme semejante cosa? ¿Qué crees que soy? ¿Un gigoló? –Gritó Lisandro- Creí que eras diferente Marcus, pero me doy cuenta que no. Yo no soy como los demás, yo no soy como tú. Podremos tener en común las orientaciones, pero que te quede claro que soy muy diferente.


Lisandro le lanzó una mirada fulminante a Marcus y se fue caminando hasta el edificio muy enojado por lo que había acabado de pasar. Marcus se quedó furioso. Una vez Lisandro entró al edificio, subió al ascensor para subir al piso en que se ubicaba el apartamento. En el ascensor no había nadie más que él. Estaba pensativo y en un momento dado, rompió a llorar, derrumbándose. Trataba de contenerse, pero no podía.

CONTINUARÁ...

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