domingo, 23 de noviembre de 2014

Antique Amor: Tres años de trayectoria


Hace tres años, por este mismo mes, comencé a escribir la que es mi primera webnovela: Antique Amor. Recién había descubierto el concepto de lo que es una webnovela como tal y decidí escribir esta historia basándome en un anime japonés.


Protagonizada por Mao (Masao Yamaguchi), Juan David Echeverri y Daniella Álvarez, cuenta la historia de Lisandro, un joven universitario, que se ve obligado a regresar a su ciudad de origen por su abuela quien lo desprecia por ser gay. Lisandro se reencuentra con Antonio, un antiguo amigo, al que tiempo atrás confesó sus sentimientos, sin embargo ante eso, la reacción de él no fue la mejor y eso causó que se volviera homofóbico. En el reencuentro de ambos, Lisandro se dará cuenta que Antonio es el dueño de una exquisita pastelería y a partir de ese momento, una serie de desventuras y situaciones los envolverán.

En un principio, no le escogí personas famosas que pudieran representar a los personajes. Yo sólo publicaba los capítulos que escribía en su blog oficial. Fue luego que puse a los actores, que muchos de ellos son de mi país.

Esta es una webnovela muy especial para mí, no sólo por ser la primera, sino por los comentarios y la buena acogida que tuvo. Yo siento que su mejor debut fue en Fiction TV, y en uno de los premios, se llevó el de Mejor webnovela. Aquí les transcribo la recepción del artículo en Wiki Foronovelas:

La webnovela logró convertirse en una de las historias más bien acogidas de Aleja Soto, gracias al interés que despertó en algunos lectores que se dieron la oportunidad de leer. Antes de su estreno en Ackavision, el moderador del mismo foro Roger Alejandro, elogió la sinopsis de la historia como "excelente y con un "argumento creativo". Fue gracias a la publicidad de los capítulos que se hacía allí, que la webnovela lograba registrar en su blog más de 50 visitas en un día, por un capítulo nuevo que era publicado, a pesar de que no se conoce un número exacto de lectores estables. 

En Fiction TV, la webnovela logró también una muy buena recepción. Uno de los lectores que más profundizó su comentario fue Gared, que lo inició describiendo a Antique Amor como "una historia que tiene magia", que no sólo le ha gustado por su trama principal, sino por tener "un poco de todo... los detalles, la atmósfera...". Opinó también sobre lo sucedido a lo largo del capítulo, diciendo que "la historia tiene un comienzo muy bueno" ya que "por un lado vemos la vida de Lisandro en el aspecto de como ha sufrido por los prejuicios sociales respecto a su inclinación sexual". En su comentario, mencionó también sobre que la homosexualidad es un tema "muy delicado, ya que se tiene que tocar de una forma con mucho respeto para no agredir las susceptibilidades". 

Otro comentario interesante fue el de la lectora Gloria, que siguió fielmente la webnovela durante su publicación en el mismo foro. En uno de los capítulos, en su comentario dijo comprender perfectamente la situación entre Antonio y Lisandro, descatacando la relación de dependencia emocional que entre ellos se había creado. Gloria la describió como "una situación algo enfermiza".


Gracias a esta historia, es que puedo decir que llevo tres años en el mundo de las webnovelas, algo en lo que he podido ver el talento de muchos compañeros y amigos, he leído historias muy entretenidas y he pasado momentos muy buenos.

domingo, 2 de marzo de 2014

Antique Amor llega a Portal Glook para endulzar con sus pasteles


Antique Amor comienza su publicación oficial en el foro Portal Glook a partir del domingo 2 de marzo para entretener de principio a fin con la historia de la pastelería más singular del mundo. La webnovela protagonizada por Mao (vocalista de la banda SID), Juan David Echeverri y Daniella Álvarez, ha sido re-escrita en formato guión para su publicación en este foro, sumándose también al tipo de historias de género LGBTI que están publicándose actualmente allí. 

En los foros en que se ha publicado, Antique Amor ha logrado cautivar a los lectores por su trama novedosa, como en Ackavision, puesto que durante su emisión, cada vez que un capítulo de la historia era publicado, el blog registraba 100 visitas por días de diferentes países en Latinoamerica. 

Para disfrutar de Antique Amor en Portal Glook, haz click en el siguiente enlace:

martes, 18 de febrero de 2014

Antique Amor se lleva cuatro premios en los Oscars 2014 FTV


El pasado 16 de febrero, Antique Amor logró llevarse cuatro preseas en la gala final de los premios virtuales que se organizan anualmente en el foro Fiction TV: Los Oscars, basados en la edición de premios del mismo nombre que se realiza en Estados Unidos. 

Mejor historia, Mejor fotografía, Mejor director y Mejor video son las categorías en las que la webnovela fue premiada, siendo éstos los primeros premios que la historia logra ganar. 

La gala fue presentada virtualmente por Cruella de Ville y Homero Adams, que le dieron un toque más cómico. Para disfrutarla, puedes leerla en el siguiente enlace:


(Nota: Estos premios emulan los premios que se hacen a las telenovelas o películas, por lo que las participaciones de los actores y otros personajes son ficticias y ellos nada tienen que ver).

sábado, 5 de octubre de 2013

Antique Amor llega a Mundo Fiction para divertir Hispanoamérica


Así como lo dice el título de la entrada, la divertida tragicomedia Antique Amor estará llegando próximamente para divertir y entretener toda Hispanoamérica a través del canal de webnovelas internacional Mundo Fiction en español e inglés. La exitosa webnovela protagonizada virtualmente por Masao Yamaguchi y Juan David Echeverri será estrenada para el 7 de octubre, contando la historia de Lisandro Villegas, un joven universitario que se ve obligado a regresar a su país de origen: Colombia, a causa de que sus abuelos lo han despreciado y retirado su apoyo luego de que el chico les confesara que es homosexual. Sin esperárselo, se reencontrará con un viejo amigo del cual estuvo enamorado en el pasado y que ahora es dueño de una exquisita pastelería llamada Antique Amor. El valor de la amistad, la igualdad y el compañerismo son escenario de esta producción. No te la pierdas.

(Para disfrutar de cada capítulo de esta webnovela en Mundo Fiction haz click en el siguiente link: http://mundofiction.foroactivos.net/f159-antique-amor-por-aleja-soto)

viernes, 23 de agosto de 2013

Capítulo 27: Gran final

Una semana después, Lisandro, Natasha, Marina y Valentín estaban en el hospital en que Antonio estaba internado. Esperaban noticias de la operación de Antonio en la sala de esperas. Mientras Marina y Valentín hablaban, Natasha hablaba sobre otro tema con Lisandro.

-¡Ay Lisandro! Realmente me siento muy apenada con todo esto –Dijo Natasha-. Lamento mucho que hayas tenido que ceder a los caprichos de esa vieja miserable. Es que no parece tu abuela. Te odia.

-Lo sé Natasha, pero no tengo más opción. Era la única manera de salvar a Antonio de todo lo malo que por mi culpa le estaba pasando –Dijo Lisandro-. Al menos me voy tranquilo, sabiendo que mi sacrificio no fue en vano y que la vida de Antonio mejorará.

-Pero tu vida será la que va a empeorar –Dijo Natasha-. Te vas a amargar, casado sin amor sólo por conveniencia y por tu abuela que te obligó para beneficiarse ella misma. Y estoy segura que más adelante va a seguir manipulándote.

-Créeme que he pensado en eso muchísimas veces, pero como te digo, no tengo opción –Dijo Lisandro embargado en tristeza-. Cuando el doctor salga para avisarnos que la operación salió bien, iré directo al aeropuerto. Natasha, si Antonio llega a preguntar por mí, dile que… volví a Nueva York por asuntos del negocio de mi abuela, pero no le vayas a decir la verdad, por favor.

-¿No crees que sería mejor decirle la verdad para que él dé su opinión? –Preguntó Natasha.

-No. Si lo hiciéramos, seguramente no me dejaría partir y mi abuela movería cielo y tierra para buscar otra manera de manipularme –Dijo Lisandro-. Es mejor que Antonio crea que me fui por mi propia voluntad.

-¿Y qué se supone qué le voy a decir cuando pregunte quién pagó la operación y las indemnizaciones? –Preguntó Natasha.

-Dile que le pedí ayuda a mi abuela y ella me la dio –Respondió Lisandro-. También dile que siempre lo voy a recordar y que… lo querré mucho desde donde esté como un gran amigo, al igual que a ti, a Marina, a Valentín, porque ustedes siempre fueron mi apoyo y mi sentido de vivir aquí.

-Lisandro –Pronunció Natasha conmovida. Lisandro también estaba sollozo.

-Por cierto –Dijo el joven, quien acto seguido sacó un sobre de su bolso y se lo entregó a Natasha. Ella lo recibió algo extrañada.

-¿Qué es esto? –Preguntó Natasha.

-Del dinero que me dio mi abuela sobró una buena cantidad, la suficiente para que puedas pagarle unos medicamentos a tu papá –Respondió Lisandro-. No es mucha, pero con eso tu papá podrá llevar un tratamiento adecuado, llevando una vida normal.

-No Lisandro, esto no lo puedo aceptar –Dijo Natasha al tiempo que se le saltaban las lágrimas.

-No lo rechaces Natasha. Lo vas necesitar mucho más que yo –Dijo Lisandro-. ¿Acaso no es lo que más anhelas? La esquizofrenia es una enfermedad incurable, pero se puede vivir normal si se lleva un adecuado tratamiento. Vas a tener a tu papá contigo de nuevo.

-Muchísimas gracias Lisandro. Te lo agradeceré la vida entera –Dijo Natasha conmovida por el noble gesto de Lisandro-. Esto nunca lo voy a olvidar.

Lisandro sólo le sonrió. En ese momento, vino el doctor del quirófano, pues ya había terminado la operación de Antonio. Tanto Lisandro como Natasha, Valentín y Marina se acercaron para escuchar al doctor.

-¿Cómo salió Antonio de la operación doctor? –Le preguntó Marina.

-Muy bien. El señor Guarín es un hombre muy saludable. Pudo resistirla –Respondió el doctor con una sonrisa-. Con ayuda de Dios, va a poder vivir durante muchos años más, llevando una vida saludable y comiendo bien. 

-¡Qué excelente noticia doctor! –Exclamó Lisandro bastante aliviado- Muchas gracias por todo.

El doctor se retiró. 

-Qué bueno que el señor Antonio ya está bien y fuera de peligro –Dijo Valentín-. Lo único malo es que todavía no sabemos como ayudarlo para pagar las indemnizaciones a esos clientes que lo demandaron.

-Por eso no te preocupes Valentín –Dijo Lisandro-. Yo me encargué de eso y Antonio está libre de deudas. 

-¿Y cómo lo hiciste Lisandro? –Preguntó Marina- ¿Tú pagaste todo? Y ahora que caigo en cuenta. ¿De dónde salió la plata para la operación?

-Lisandro se encargó de absolutamente todo –Dijo Natasha-. Doña Sofía, su abuela le ayudó.

-Pensé que ellos no se llevaban bien –Dijo Marina.

-Nos reconciliamos Marina. De hecho, regresaré con ella a Nueva York mañana –Dijo Lisandro-. Por eso me gustaría despedirme de ti y de Valentín. Deseo que sean muy felices y que más tarde, puedan formalizar su unión casándose.

-Gracias Lisandro por su buena vibra, pero ¿cómo se va a ir? –Preguntó Valentín- Yo sé que entre todos podremos construir de nuevo otra pastelería que lleve el mismo nombre de la anterior y podremos sacarla adelante.

-Claro que pueden, pero sin mí Valentín –Dijo Lisandro-. Yo tengo que irme, es lo mejor. No crean que los dejo, porque todos son muy especiales para mí, pero debo hacerlo. Yo los recordaré siempre con mucho aprecio.

-Por lo menos nos visitarás, ¿no? –Le preguntó Marina a Lisandro algo triste por la noticia.

-La verdad no lo sé Marina –Respondió Lisandro-. Mi futuro es estos momentos es bastante incierto. Ni siquiera yo mismo sé qué será de mí, pero el tiempo es quien dirá…

Al día siguiente, temprano en la mañana, Lisandro iba en un taxi con Sofía. La anciana llevaba unos lentes de sol puestos. Se dirigían para el aeropuerto de la ciudad.

-Ya todo está listo Lisandro –Dijo Sofía-. Cuando lleguemos a Nueva York, podrás conocer de primera mano a tu futura esposa. 

-No me digas. ¿Y puedo saber de quién se tratará? –Preguntó Lisandro con cierto sarcasmo. En su interior, sentía que el corazón se le desgarraba.

-No. Todavía es una sorpresa. Ya lo sabrás cuando nos hayamos instalado –Dijo Sofía-. También te adelanto que una vez lleguemos, marcaremos unas pautas para ti.

-¿Pautas? –Se extrañó Lisandro.

-No te apresures. Ya tendremos tiempo para hablar todo –Dijo Sofía sonriendo con malicia.

Lisandro suspiró. Guardó silencio y miró por la ventanilla con una mirada de pesar. En el hospital, ya Antonio había sido traslado a una habitación de reposo, con mejor ambiente. Natasha le trajo un delicioso pastel de vainilla.

-Te traje tu pastel favorito Antonio –Le dijo Natasha sonriendo-. Con la operación que recibiste, debes recuperar fuerzas.

-Gracias Natasha –Dijo Antonio-. ¿Y dónde está Lisandro? ¿Por qué no ha venido?

-Eh… Lisandro se… –Tartamudeaba Natasha, pues no encontraba manera de mentirle a Antonio.

-¿Qué está pasando con él? –Insistió Antonio- Se me ha hecho muy rara su actitud durante toda esta semana, porque si apenas viene a verme y cruza unas palabras conmigo. ¿Por qué está así? No le he hecho nada para que se enoje. ¿O sí? Respóndeme Natasha.

-Antonio, yo no sé nada. Es decir, sí sé, pero la verdad es que… Lisandro regresó a Nueva York con su abuela –Respondió Natasha-. En estos momentos ya debe estar tomando el avión de regreso.

-¿Qué? –Se sorprendió Antonio- ¿Lisandro se fue? ¿Pero por qué? ¿Por qué se fue Natasha?

-Tuvo que irse. Se reconcilió con doña Sofía y regresaron para atender un negocio que esa señora tiene allá –Mintió Natasha-. Me pidió que te dijera que siempre te va a querer y recordar como su gran amigo que fuiste.

-¡Nada de eso Natasha! ¡Lisandro no se puede ir! –Decía Antonio muy alterado- Ya mismo voy al aeropuerto para detenerlo. Si se irá a Nueva York de nuevo, tiene que decírmelo en la cara.

Antonio se levantó de la cama con cierta dificultad, pero Natasha intentaba detenerlo.

-¡Antonio, por Dios! ¡Tú no te puedes levantar! Tan sólo anoche te operaron de la cabeza. No seas tonto.

-Tonto seré si permito que Lisandro se vaya. Tú no lo entiendes Natasha. En vez de impedírmelo, tendrías que ayudarme a salir de aquí –Dijo Antonio.

-Debes estar loco para hacer una cosa de estas, pero está bien –Dijo Natasha-. Espero que por cabezón, no vayas a salir perjudicado más tarde y que quede claro que sólo te ayudo en una locura de éstas para ver si logras impedir que Lisandro se vaya con esa vieja. 

-Ok, tráeme mi ropa –Pidió Antonio- ¡No hay tiempo que perder!

Por otra parte, en un parque de diversiones, caminaban Marina y Valentín comiendo algodón de azúcar. Marina se vestía más juvenil y sonreía.

-Qué triste que Lisandro deba irse a Estados Unidos de nuevo –Comentó Marina-. No puedo negar que extrañaré mucho a mi mejor amigo.

-No serás la única. Todos lo vamos a extrañar a mucho. Él se hace querer y contagia a cualquiera con su energía –Dijo Valentín-. Marina, cambiando de tema, quiero darte una buena noticia. No la dije antes por todo lo que estaba pasando, y porque además quería que fuera una sorpresa para ti.

-¿A sí? ¿Y qué sorpresa es? –Preguntó Marina sonriendo intrigada.

-¡Pasé el examen de admisión en la universidad! –Exclamó Valentín feliz- ¡Podré estudiar lo que quiero! ¡Me podré superar!

-¡No puedo creerlo! ¡Qué excelente noticia Valentín! –Dijo Marina saltando emocionada, tanto así que abrazó a Valentín.

-Lo hice más que todo por ti, porque quiero poder hacerme digno de una mujer tan inteligente y con tanto mundo como lo eres tú Marina –Dijo Valentín.

Marina le sonrió y sin medir palabra, lo besó. Valentín también le correspondió con la misma intensidad el beso. Luego se desprendieron.

-Cada día que pasa, te quiero más Valentín –Dijo Marina-. Realmente me siento feliz teniendo a mi lado a un hombre tan especial como tú. Estoy segura que vas a salir adelante. Vas a tener un gran futuro y yo voy a estar a tu lado, apoyándote siempre.

-Tú también te estás convirtiendo en alguien muy importante para mí –Confesó Valentín-. No… no quiero que nos separemos Marina. 

Nuevamente los dos volvieron a besarse. Entretanto, Antonio iba en un taxi con Natasha, los dos sentados en los asientos de atrás. Antonio estaba vestido con su ropa común, pero se sentía algo débil de la cabeza todavía.

-¿Estás bien Antonio? ¿Estás seguro que tienes las suficientes fuerzas para llegar al aeropuerto? –Preguntó Natasha.

-Sí Natasha, sólo tengo un dolor de cabeza, pero no es nada –Respondió Antonio-. Ahora no me importa mi salud. Me importa detener a Lisandro. No puedo permitir que se vaya.

-¿Lo quieres? –Preguntó Natasha.

-Te mentiría si dijera que no. Para mí Lisandro ha sido más que un amigo –Confesó Antonio-. Un amigo que por imbécil no he sabido valorar, lo he herido muchas veces y a pesar de todo eso, siempre ha estado a mi lado, soportándome. Yo no puedo permitir que se vaya.

Por otra parte, en el aeropuerto, Lisandro y Sofía esperaban en las bancas que la operadora avisara la salida de su vuela. La anciana leía una revista.

-Atención, pasajeros del vuelo número 442, por favor abordar su respectivo avión –Comunicó la operadora.

-Ese es nuestro vuelo –Dijo Sofía al tiempo que cerraba la revista-. Vamos Lisandro. 

Sofía se levantó del asiento, cargando un bolso negro de cuero. Lisandro se levantó de igual manera, tomó la maleta y se dirigieron a la puerta de embarque para abordar el avión. Cerca de allí, Antonio y Natasha corrían a toda prisa para alcanzar a Lisandro en medio de la ajetreada multitud de pasajeros. 

-¿En dónde puede estar Lisandro? ¡Todavía no pudo haberse ido! ¡No pudo! –Dijo Antonio muy desesperado, mirando para todas partes.

-Antonio, allí. Lisandro está a punto de abordar el avión –Le dijo Natasha, señalando hacia la puerta de embarque.

Antonio no lo dudó y salió corriendo, empujando a todo el que encontraba a su paso. Natasha iba tras él.

-¡Lisandro, Lisandro! ¡No te vayas! ¡Espera! –Pidió Antonio entre gritos desgarradores. 

Justo cuando Lisandro estaba a punto de entrar al puente que conectaba con el avión, escuchó los gritos de Antonio y volteó extrañado. Sofía también logró darse cuenta y frunció el ceño, furiosa.

-Antonio, vino por mí –Susurró Lisandro totalmente conmovido.

-Vámonos ahora mismo. Tenemos que entrar al avión –Dijo Sofía-. Tú tienes un trato conmigo Lisandro y ni se te ocurra traicionarme en el último momento, porque te juro que no te va a ir bien. 

En los controles de acceso, unos guardias detenían a Antonio quien no dejaba de repetir a gritos el nombre de Lisandro. Los dos se miraron sollozos. Sofía tomó de un brazo a su nieto y lo obligó a irse con ella.

-¡Lisandro, no te vayas, por favor! ¡No te puedes ir! –Gritaba Antonio- ¡Yo te quiero! ¡Te quiero mucho, no te vayas, te lo pido! Voy a cambiar, te lo prometo, pero no te vayas. 

Lisandro no pudo evitar romper en llanto. Se llevó una mano a la boca y roto de dolor se dio vuelta y continuó el camino hacia la entrada del avión en compañía de su abuela. Antonio al ver eso, dejó de revolverse para soltarse de los guardias. Miró decepcionado y de repente, sintió un intenso dolor de cabeza que le hizo perder el conocimiento.

-¡Dios mío! ¡Antonio! –Exclamó Natasha muy angustiada.

Dentro del avión, en sus respectivos asiento. Lisandro evitaba llorar. Sofía estaba sentada a su lado.

-¡Ya deja de llorar! La gente que pasa nos mira. Ten un poco de vergüenza –Le susurró Sofía al oído muy molesta.

Una vez anocheció, Antonio estaba internado de nuevo en el hospital. Estaba acostado sobre la cama de su habitación, dormido. Natasha estaba sentada a su lado. En un momento dado, Antonio abrió los ojos con lentitud.

-Lisandro –Pronunció Antonio- ¿Qué me pasó? ¿Dónde estoy?

-Estás de nuevo en el hospital –Respondió Natasha-. Te desmayaste en el aeropuerto. ¿Lo recuerdas?

-Sí, sí lo recuerdo –Dijo Antonio-. Lisandro se fue y no sé cuando lo volveré a ver. No logré detenerlo Natasha. Seguro no creyó en mis palabras y no es para menos después de cómo fui con él.

-No digas eso Antonio. Lisandro tuvo sus motivos para haberse ido, no pienses mal de él –Dijo Natasha-. Lisandro te quiere con todos tus defectos. Si necesitáramos ser perfectos para ser queridos, créeme que nadie querría a nadie. 

-¿Y entonces por qué se fue? –Preguntó Antonio alterado- Yo no termino de creerme eso de que se haya ido solo porque se reconcilió con su abuela y van a encargarse de un negocio en Nueva York. Yo siento que Lisandro se fue por algo más; se fue porque estaba cansado de sufrir por mí. Él se siente culpable por todas mis desgracias.

-Lo mejor es que descanses y no te sigas perturbando –Dijo Natasha-. A este paso, no terminarás de recuperarte completamente de la operación. Hazme caso Antonio. Ya habrá tiempo para hablar de todo.

-¿Cómo no voy a perturbarme Natasha? ¿Te das cuenta de todo lo que me está pasando? –Continuó preguntando Antonio- Tengo una deuda inmensa que no sé como pagaré, mi pastelería se quemó y ahora Lisandro se va.

-Por eso te digo. Ya habrá tiempo para todo. No te sigas mortificando –Dijo Natasha-. Después te explicaré bien las cosas.

-¿A qué te refieres con eso? –Se extrañó Antonio- ¿Qué vas a explicarme Natasha?

-Ya estás exento de la deuda con los clientes intoxicados –Le contó Natasha-. Lisandro le pidió una plata prestada a doña Sofía para pagar las indemnizaciones. ¿Te das cuenta? Él estaba preocupado por ti, por tu situación y quiso hacer algo bueno antes de irse.

-¿De verdad? –Se sorprendió Antonio- ¿Eso quiere decir que ya estoy libre de esa deuda? ¿Lisandro hizo eso por mí?

-Así es. Te lo digo para que te animes un poco, para que no te eches a morir Antonio –Dijo Natasha-. Tienes que salir adelante, volver a fundar Antique Amor si es necesario, desde el principio. Eso es justo lo que querría Lisandro, que no pierdas el espíritu optimista y emprendedor. 

-Tengo que contactar de alguna manera a Lisandro, debo hablar con él –Dijo Antonio con cierto tono de desesperación-. Él y yo no podemos dejar de vernos. Tengo que encontrarlo Natasha.

Fueron pasando los días. Sofía obligó a Lisandro a cortarse el cabello, a peinarse y vestirse de manera más masculina. La anciana obligaba al joven a asistir a clubs campestres y lo presentaba con sus amigas, a la que muchas de las cuales, les interesaba Lisandro como buen marido. Él sólo mostraba ante ellas una sonrisa forzada, pero sus pensamientos estaban enfocados en sus amigos, que ahora se encontraban muy lejos.

Una noche, en el lujoso apartamento de Sofía, ubicado en lo alto de un edificio inmobiliario, la anciana supervisaba que la sirvienta pusiera correctamente el comedor, puesto que al parecer preparaba una cena especial. Lisandro estaba en el balcón del apartamento, observando pensativo la ciudad. En eso, recordó la noche en que festejaba junto a Antonio, Valentín y Natasha el aniversario de Antique Amor:

-¡Listo! ¡Ya voy a tomar la foto! –Dijo Antonio.

-¡Espera, espera! –Le detuvo Lisandro- ¿Les parece que estoy bien? ¿Tengo bien peinado el flequillo?

-Sí Lisandro, no te preocupes, estás guapísimo –Respondió Natasha-. ¿Y yo? ¿También estoy bien peinada? ¿No tengo el maquillaje corrido o algo?

-Te aplicaré un poco de rubor. No querrás salir muy pálida –Dijo Lisandro que sacó de su bolso la cajilla de rubor y le aplicó a Natasha con una esponjilla en cada pómulo de su cara con delicadeza.

-Listo señor Antonio, adelante, tome ya la foto –Dijo Valentín, luego de que Lisandro terminara de maquillar a Natasha.

Antonio estiró el brazo izquierdo, con el fin de que todos lograran quedar fotografiados. Los cuatro se juntaron mientras sonreían felices. Antonio tomó la foto

Lisandro dejó de recordar y se abrazó asimismo por la temperatura que ya empezaba a descender.

-Los extraño tanto –Susurró Lisandro sollozo- No podré adaptarme a vivir de esta manera, no podré sin ustedes, sin Antonio…

-¡Lisandro, ven aquí! ¡Ya llegó mi amiga! Vamos a recibirla –Le gritó Sofía de repente, desde el interior del apartamento.

Lisandro se limpió los ojos y entró. La amiga de Sofía ya había pasado; era una mujer elegante, de la misma edad de Sofía. Las dos al verse, se saludaron con un beso en la mejilla. 

-¡Qué bueno verte de nuevo Sofía! Y sobretodo, te agradezco esta invitación a cenar –Dijo Helena.

-No es nada Helena. El gusto es mío y por supuesto de Lisandro, que desde que te conoció se ha interesado mucho por ti –Mintió Sofía sonriendo hipócrita- ¿No es así Lisandro?

-Sí abuela. Usted es una mujer con muchos atributos doña Helena, es elegante, refinada y muy simpática –Dijo Lisandro-. Por eso me alegra que podamos conocernos más a fondo con esta cena.

-Y tú eres un hombre bastante galante Lisandro –Comentó Helena sonriendo seductora.

La mujer, acto seguido fue hacia Lisandro, lo abrazó y lo besó en la mejilla. Lisandro se sentía bastante incómodo e incapaz de corresponderle a Helena sus gestos afectivos. 

-Estoy segura que podríamos entendernos mucho mejor –Le susurró Helena al oído a Lisandro.

Él sonreía forzado. En el fondo, Sofía sonreía satisfecha y con malicia. Horas después, luego de terminada la cena, Sofía se despedía de Helena. Lisandro se sentó en un sofá de la sala y cruzó las piernas sintiéndose sumamente indignado. Una vez que Helena terminó de irse, Sofía caminó hasta la sala, donde miró a Lisandro con una sonrisa burlona.

-¿Ya estás contenta? –Le preguntó Lisandro con los ojos sollozos- ¿Estás contenta con esta farsa? Me siento horrible por dentro, seduciendo a esa señora, vendiéndome a ella. ¡¿Por qué disfrutas humillarme de esa forma?! ¿¡Tan poca cosa te parezco!? 

-¡Ya no más! ¡Cállate! –Gritó Sofía- ¿No estás harto de repetirme la misma cosa todos los días? ¿Quieres que te responda? ¡Tú a mí no me importas en absoluto! ¡Para mí no vales nada desde que me enteré la clase de nieto que tengo! ¡Me das asco!

Lisandro, al final, no pudo evitar derramar un par de lágrimas por las severas e insensibles palabras de su abuela.

-Más bien escúchame detenidamente –Continuó hablando Sofía-. Ya sé cuál de mis amigas va a ser tu futura esposa. Es nada más y nada menos que Helena, la más estúpida, millonaria e ingenua de todas. Mañana mismo, quiero que la cites a un restaurante y le pidas matrimonio. ¿Entendido?

-Sí –Respondió Lisandro limpiándose las lágrimas. 

-Pero sé inteligente. Dile que estás loco de amor por ella, que es la mujer ideal para ti –Dijo Sofía-. Dile que te quieres casar con ella en el menor tiempo posible, si es preciso, este fin de semana en alguna notaría. Entre más pronto sea todo, mucho mejor. Luego de casado, efectuaremos la siguiente parte del plan.

-¿Cómo? ¿Siguiente parte del plan? –Se extrañó Lisandro- ¿Qué quieres decir con eso? Te recuerdo que ya tenemos pactado algo, y no puedes cambiarlo. Sólo me casaré con esa señora para que tengas el suficiente capital que invertirás en tu microempresa. 

-Pues he estado pensando mejor las cosas –Dijo Sofía paseándose pensativa por la sala-. Y he llegado a la conclusión de que sería mejor que quedaras viudo en poco tiempo y heredaras todos los bienes y propiedades de Helena.

-¿Qué? ¿Estoy entendiendo bien? –Se sorprendió Lisandro- ¿Cómo puede ser tu ambición tan grande para desearle la muerte a alguien?

-Yo no le estoy deseando la muerte a nadie Lisandro –Dijo Sofía con gran cinismo-. Entiende bien mis palabras. Yo no quiero esperar a que Helena muera por vejez o qué se yo. Podemos provocársela antes de tiempo para acelerar las cosas.

-¡Estás loca! –Gritó Lisandro muy indignado, al tiempo que se levantaba del sofá- Haré de cuenta que jamás dijiste eso. Te escucho y me parece increíble la frialdad con que eres capaz de idear algo así. Tienes que estar mal de la cabeza.

-¡El fin justifica los medios! ¿Eres estúpido? –Dijo Sofía- Tenemos que encontrar una forma de deshacernos de Helena. Un veneno podría resultar muy efectivo. ¿Qué te parece?

-¿Y todavía tienes el cinismo de preguntarme qué me parece? –Dijo Lisandro- ¡Que algo te quede claro abuela! Yo no pienso ser partícipe de ningún asesinato. Y si algo llega a sucederle a esa mujer, la única culpable vas a ser tú y créeme que no me quedaré callado frente algo de tal magnitud. ¡Buenas noches!

Lisandro se retiró demasiado indignado de la sala. La mirada de Sofía se tornó a la de una maniática. Un par de días después, era medio día en Bogotá. Natasha visitaba a su padre en el hospital psiquiátrico. El señor estaba sentado en una banca del patio. Una enfermera guiaba a Natasha.

-Su padre ha venido mejorando satisfactoriamente señorita Méndez –Le dijo la enfermera a Natasha-. Los medicamentos que le compró hace unas semanas le han sentado muy bien. Ya redujeron los ataques, la agresividad y las voces en la cabeza.

-¿De verdad? –Preguntó Natasha sonriendo emocionada.

-Sí señorita. Puede ir a hablar con él si lo desea. Es posible que la reconozca. Mírelo allí –Le señaló la enfermera.

Natasha caminó hasta su padre en pasos silenciosos. Él miraba retraído, pero se veía calmado. Natasha se sentó a su lado con cuidado y lo tomó de las manos.

-Hola papá. Ya me dijeron que has estado mucho mejor –Dijo Natasha-. Eso me alegra mucho, porque quiere decir que es posible tu recuperación y eso se lo tengo que agradecer a Lisandro, que fue un gran amigo conmigo y me dio el dinero necesario para comprar tus medicamentos. Tengo fe que cuando venga a visitarte la próxima vez, puedas reconocerme, hablarme. Me harías muy feliz papá…

Natasha no pudo evitar que sus ojos se pusieran sollozos. Fue cuando de repente, el señor volteó el rostro y miró a Natasha. Con las dos manos, tomó el rostro de su hija.

-¡Natasha! –Exclamó el señor algo consternado- M niña, mi hermosa hija.

En ese momento, Natasha abrió la boca de sorpresa y le fue inevitable soltar lágrimas de emoción al ver como su padre había logrado reconocerla.

-Volviste hija. Volviste por mí. ¡Te extrañé muchísimo! –Continuó diciendo el señor.

-¡Papá! ¡Papá, me reconoces! –Exclamó Natasha llorando de alegría- Esto es un milagro. ¡Papá, papito!

Los dos se fundieron en un fuerte abrazo fraternal. La alegría de Natasha era inmensa.

-¡Dios mío, gracias! ¡Muchas gracias! ¡Gracias! –Dijo Natasha sumisa en el abrazo con su padre.

Entretanto en Nueva York, en el apartamento de Sofía, Lisandro estaba terminando de arreglarse en su cuarto. Llevaba un puesto un elegante traje de novio y se miraba frente a un espejo de cuerpo completo.

-Ya casi es la hora –Se dijo.

Sofía, que estaba vestida muy elegante y bien peinada para la ocasión, esperaba ansiosa afuera del cuarto de nieto.

-¡Lisandro, sal ya de una buena vez de ahí! –Gritó Sofía mientras tocaba la puerta insistente- Tenemos que irnos. El novio debe llegar primero que la novia.

-Ya voy a salir abuela, dame dos minutos –Pidió Lisandro.

Sofía hizo un gesto de desagrado. De repente, tocaron el timbre del apartamento. La anciana se extrañó y fue a abrir, sorprendiéndose al ver de quien se trataba.

-¡Tú! ¿Qué estás haciendo aquí? –Preguntó Sofía muy molesta y nerviosa a la vez. 

-Vine para impedir ese matrimonio doña Sofía –Dijo Marcus con decisión, pues él era esa persona-. Yo no pienso permitir que Lisandro se case y ahora mismo, pienso llevármelo.

Marcus entró bruscamente al apartamento. Sofía miraba muy asustada.

-¡Lisandro! ¡Soy yo, sal! –Llamó Marcus al joven.

-¡Tú no vas a impedir nada estúpido! ¡Lárgate ahora mismo de mi apartamento! ¡Fuera! –Gritó Sofía histérica.

-¿Qué le pasa vieja? ¿Piensa que le tengo miedo? Tenga claro que yo no soy su nieto para que me manipule o me controle –Dijo Marcus- Me llevaré a Lisandro aún en contra suya. Él no se va a casar y será mejor que estorbe. No quiero usar la fuerza con usted.

-¡Imbécil, desgraciado! –Exclamó Sofía furiosa, quien acto seguido abofeteó a Marcus. Éste de inmediato, la empujó contra el piso con fuerza.

-¡No le permito que me ponga una mano encima anciana! –Gritó Marcus muy enojado- Ya estoy comenzando a perder la paciencia con usted. Si sigue estorbando, no dudaré ni en un segundo en contarle a Lisandro que usted es la responsable del incendio en Antique Amor y la meteré a la cárcel por daños, perjuicios y calumnias.

-¡Eso nunca! Si abres la boca, tú también caes conmigo. Te recuerdo que tú también estuviste implicado en la intoxicación y en el incendio en donde casi se muere achicharrado el miserable de Antonio –Dijo Sofía histérica, sin levantarse.

En ese momento, Lisandro salió de su cuarto y escuchó las últimas palabras de Sofía. 

-¿Marcus? ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué significa esto? –Preguntó Lisandro muy alterado- ¿Los dos fueron cómplices en las barbaridades que le hicieron a Antonio? ¡Respóndame!

Marcus al ver a Lisandro soltó a Sofía.

-Lisandro, puedo explicarte todo. Vine por ti. Tú no te puedes casar. Tienes que venir conmigo –Le dijo Marcus.

De repente, Sofía aprovechó la distracción de Marcus, se arrodilló y lo empujó contra el gran ventanal del apartamento. Éste no pudo mantener el equilibrio y chocó contra el vidrio de aquel ventanal, rompiéndolo en el acto y cayendo desde el quinto piso del edificio contra la carretera. Marcus murió al instante con los ojos abiertos por el severo golpe en la cabeza; un charco de sangre cubrió su cuerpo. En el apartamento, Lisandro pegó un grito desgarrador:

-¡Marcus! –Gritó Lisandro- ¡Por Dios! ¡Abuela, lo mataste! ¡Mataste a Marcus!

Lisandro estaba desesperado, mirando aterrado a su abuela que tenía la mirada tornada a la de una psicópata.

-Eso no tiene importancia ahora. Lo hice por nuestro bien –Dijo Sofía nerviosa, al tiempo que se levantaba del piso- Tenemos que llegar pronto a la notaría. Te tienes que casar Lisandro. ¡Vamos a llegar tarde!

-¡Abuela, reacciona! –Exclamó Lisandro- Tiraste a Marcus, lo empujaste. Él no pudo sobrevivir a una caída así. ¡Lo mataste! ¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer? ¿Te das cuenta?

-¡No, cállate! –Gritó Sofía tapándose los oídos con las manos- ¡Esas voces me obligaron a hacerlo! Ellas me dicen que es lo mejor. Tenía que matar a Marcus, tenía que matarlo o impediría tu matrimonio con Helena. Hice lo mismo con tu abuelo. Era lo mejor.

-¿El abuelo? –Se extrañó Lisandro- ¿Qué hiciste con el abuelo? ¡Habla! ¿Es verdad eso de que está tomándose unas vacaciones en Miami? ¿Es verdad? ¡Dime de una buena vez qué está pasando!

Sofía se sentó en un sillón, con la mirada retraída y consternada. Estaba perdiendo la razón.

-Tu abuelo quería cambiar su testamento luego de la sucia confesión que nos hiciste. Estaba a tu nombre, pero quería cambiarlo para dejarte sin nada –Contó Sofía-. Aunque yo estaba de acuerdo, no se lo permití porque no era conveniente que todas sus posesiones y bienes quedaran sin un heredero. Por eso, una noche mientras dormía, lo ahogué con la almohada antes de que pudiera editar el testamento. Para mi suerte, mientras lo ahogaba, tuvo un ataque cardiaco, así que no pudieron incriminarme en nada.

-¡Esto no puede estar pasando! ¡Estás loca! –Le gritó Lisandro llorando- ¿Cómo fuiste capaz de matar al abuelo, a tu propio marido? Con él pasaste décadas. ¿Cómo pudiste matarlo a sangre fría? ¿Cómo?

-Era lo mejor. En la vida se tiene que tomar el camino más conveniente, sin importar si es malo o bueno –Dijo Sofía- Pero ya no quedan más estorbos. Tenemos que ir a la notaría, no perdamos más tiempo.

Lisandro estaba anonadado por las impactantes revelaciones de Sofía. Minutos después, unos enfermeros del hospital mental estaban llevándose a Sofía a la fuerza. Ella se negaba, cosa que a Lisandro le causaba impotencia.

-¡No! ¡Suéltenme, no se atrevan a tocarme desgraciados! ¡Déjenme! –Gritaba Sofía- ¡Tengo que ir al matrimonio de mi nieto! ¡Llegaré tarde!

A las afueras del edificio inmobiliario, el servicio forense estaba llevándose en una camilla a Marcus, cubierto por una sábana blanca. También estaban presentes algunos policías.

Una semana después de lo ocurrido, Lisandro estaba en el apartamento, caminando por la sala en pasos lentos. Se detuvo y tomó una foto enmarcada en la que estaba retratado él, con sus abuelos, sonriendo. Era una foto de tiempo atrás.

-¡Cuánto lamento todo lo que pasó abuelos! –Le habló Lisandro a la fotografía-. Tal vez si desde un principio, me hubieran comprendido, me hubieran apoyado cuando les confesé mis orientaciones, nada de esto habría terminado así, de manera tan trágica.

Lisandro no pudo evitar soltar una lágrima. En ese momento, tocaron la puerta del apartamento, que por cierto él había puesto en venta por los recuerdos tan desagradables que le traía.

-Debe ser algún comprador interesado –Supuso Lisandro, que limpió su lágrima y fue a abrir. La persona que tocaba era un hombre mayor bien vestido, que cargaba una maleta.

-Buenas tardes joven. ¿Es usted Lisandro Villegas? –Preguntó el hombre.

-Sí, soy yo. ¿En qué puedo ayudarle señor? –Respondió Lisandro algo extrañado.

-Permítame presentarme. Soy el licenciado James –Se presentó el hombre-. Tengo que hablar algo muy delicado con usted. Se trata del testamento de su abuelo. Él me contrató para ser su representante en este asunto.

-¿El testamento de mi abuelo? –Se sorprendió Lisandro- Claro, ahora lo recuerdo.

-Debido a que usted estaba ausente de Nueva York, no dispuse de una manera de contactarlo –Dijo el Licenciado James-. Pero ahora que está en la ciudad, aprovecho para darle a conocer la millonaria fortuna y las numerosas propiedades que le dejó su difunto abuelo, para que pueda disponer de ellas.

-Por favor pase Licenciado, bien pueda –Le invitó Lisandro a entrar al apartamento.

Las semanas fueron pasando. Natasha logró retomar su trabajo como modelo, salía en sensuales fotos en las portadas de las mejores revistas. Su padre cada vez respondía mejor a los medicamentos. Antonio se recuperó totalmente de la operación y consiguió un modesto trabajo como vendedor en un centro comercial de ropa. Sus pensamientos aún estaban fijos en Lisandro, lo extrañaba y conservaba aquella foto que se habían tomado en el aniversario de Antique Amor; la llevaba siempre consigo y cada vez que la veía, sonreía al verla, pero a la vez sentía una gran nostalgia.

-¿Dónde estás Lisandro? ¿Cuándo volverás? –Se preguntaba Antonio- Te extraño mucho amigo.

Por otra parte, Valentín continuó sus estudios universitarios y su relación con Marina cada vez se fortalecía más.

Exactamente, pasaron dos meses. Lisandro aún vivía en Nueva York y estaba en un estudio de grabación, en la cabina, cantando “Cosmetic”. Vestía con ropa de moda, chaquetas y bufandas con colores llamativos y jeans apretados. Cuando terminó de cantar, el supervisor lo felicitó.

-¡Felicidades Lisandro! ¡Excelente! Ya terminamos las canciones que saldrán en el álbum –Dijo el supervisor- En poco tiempo saldrá a la venta.

Lisandro sonrió, se quitó los audífonos y salió de la cabina sonriendo feliz.

-Me alegra mucho. Ya es justo que me tome unas vacaciones. Por fin podré regresar a Colombia –Dijo Lisandro.

En Bogotá, Antonio estaba en el apartamento de Natasha, sentado en un sofá de sala frente a la televisión que pasaba de canal en canal. En un momento dado, Antonio lo dejó fijo en un canal de entretenimiento y música.

-El video ya se convirtió en un verdadero fenómeno en las redes sociales –Dijo la presentadora del programa-. En sólo una semana ha logrado registrar más de un millón de visitas en YouTube. Y es que sin duda, Mr. Kiss con su canción “Sweet?” ha logrado conquistarnos de una manera impresionante. Aquí tienen el video.

El programa comenzó a pasar un videoclip musical, el mismo de la canción mencionada por la presentadora.



Antonio observaba atento el video y extrañamente había logrado cautivar su atención, en especial, por el vocalista quien no era otro que el mismo Lisandro, sin embargo por el disfraz y el maquillaje, él no lo reconocía. Natasha llegó al apartamento.

-¡Hola Antonio! –Saludó Natasha mientras entraba- ¿Ya cenaste?

Sin embargo Antonio no le respondió a Natasha ya que estaba ensimismado con el videoclip.

-¿Antonio? ¿Estás bien? –Preguntó Natasha extrañada.

La modelo se dirigió hasta la sala y allí encontró a Antonio mirando la televisión.

-¿Qué estás mirando tan entretenido? –Le preguntó Natasha.

-Hola Natasha, sí, estoy bien. Gracias –Respondió Antonio sin apartar la mirada de la televisión-. Disculpa que no te respondiera. Estoy mirando este video.

-Me parece que lo había escuchado antes. Se está haciendo muy popular –Comentó Natasha al tiempo que se sentaba al lado de Antonio- ¿Sabes? El vocalista me recuerda un poco a Lisandro.

-¿Te parece? –Se sorprendió Antonio- Esa misma impresión me dio, pero es imposible que el chico del video sea Lisandro. Él no podría ser ese cantante.

-Tienes razón. En estos momentos no debe estar muy feliz, viviendo al lado de esa anciana maniática –Dijo Natasha.

-¿Crees que doña Sofía pueda hacerle daño a Lisandro? –Preguntó Antonio algo preocupado.

-Antonio, creo que es hora de que sepas la verdad de cómo sucedieron realmente las cosas –Dijo Natasha seria-. Lisandro se fue a Nueva York obligado por su abuela. Ella lo obligó de la peor manera, lo manipuló para que regresaran.

-¿Qué? –Se sorprendió Antonio.

Entretanto, Lisandro estaba abordando su avión hacia Bogotá y se ocupó su asiento correspondiente.


-En unas horas estaré de vuelta –Pensó Lisandro mirando por la ventanilla-. Los volveré e ver, volveré a ver Antonio. Tengo muchísimas ganas de volverlos a ver, de decirles que los extrañé y que mientras estuve ausente mi vida no fue igual sin ellos. Ya les daré la sorpresa.


En el apartamento de Natasha, ésta le había acabado de contar a Antonio la verdad sobre la manera en cómo Sofía manipuló a Lisandro para que regresara con ella a Nueva York y se casara. También le confesó que fue cómplice de la anciana, cuando recién había entrado a trabajar a Antique Amor con la intención de enamorarlo a él y apartarlo de Lisandro, liada ante cómo pagar la enfermedad psiquiátrica de su padre. Natasha no pudo evitar derramar un par de lágrimas.

-Y esa es toda la verdad Antonio –Dijo Natasha-. Créeme que hasta al día de hoy sigo realmente arrepentida. Yo le di alas a doña Sofía para hacer lo que hizo con Lisandro. Y aunque fui cómplice de esa mujer sólo por mi papá, más tarde me di cuenta de mi gran error.


-¡Por Dios, Natasha! –Exclamó Antonio dolido, mientras se levantaba del sofá- ¿Cómo pudiste ser capaz de hacer algo así? ¿Cómo mentiste con algo delicado, diciendo que tu papá había muerto?


-Lo siento mucho Antonio. Desde eso no ha habido un solo en día en que no me recrimine mis errores y todas las cosas incorrectas con hice contigo y con Lisandro –Dijo Natasha llorando-. Mi papá siempre me inculcó buenos principios y valores, pero en medio de mi desesperación, de mi impotencia no dudé en aceptar la propuesta de doña Sofía.

-Ahora ni siquiera sé que decirte, no sé si juzgarte o compadecerte –Dijo Antonio mirándola muy decepcionado- Me sedujiste y yo caí en varias veces. Lo peor de todo es que Lisandro fue quien pagó las consecuencias y ahora debe estar llevando una vida infeliz, casado sin amor por complacer a esa vieja. Se sacrificó por mí y si tan sólo yo hubiera sabido…


-No habrías podido hacer nada aunque quisieras –Dijo Natasha-. Doña Sofía es una mujer imparable. Ya ves, de lo que fue capaz. Ella intoxicó a esos clientes y seguramente también fue responsable del incendio que acabó con Antique Amor. Tú fuiste un medio que ella utilizó para manipular a Lisandro y como él no quería que tú sufrieras por su culpa, cedió.

-¡Lisandro! Tú no te imaginas cómo estoy pensando en él ahora Natasha, en lo que debe estar viviendo –Dijo Antonio muy perturbado-. ¡Esa señora es una desgraciada! De alguna manera tengo que encontrar a Lisandro, tengo que encontrarlo y si es preciso, enfrentaré a doña Sofía.

-Yo no tengo mucho dinero por lo costosos que son los medicamentos de mi papá, pero puedo ayudarte a recolectar el suficiente para que compres el pasaporte –Dijo Natasha-. Es lo mínimo que puedo hacer después del daño que hice. Espero que algún día puedas perdonarme Antonio.

-Yo no tengo nada que perdonarte Natasha –Dijo Antonio-. Lo importante es que sabes que lo hiciste estuvo mal y estás arrepentida. Por el dinero del pasaje, no te preocupes. Ya miraré como puedo conseguírmelo.

Antonio miró con compasión a Natasha. Ella no pudo evitar romper en llanto, por lo que Antonio volvió a sentarse a su lado y la abrazó para consolarla. Por otra parte, en un parque muy animado de la ciudad, caminaban Marina y Valentín, comiendo cada uno un Hot Dog. En eso, un fotógrafo se les acercó.

-¿Desean una foto? –Les preguntó el fotógrafo.

-¿Te gustaría una foto Marina? –Preguntó Valentín.

-Sí Valentín, me gustaría mucho. Casi no tenemos fotos juntos –Dijo Marina-. Adelante señor.

Los dos tomaron posición. Valentín abrazó a Marina y justo cuando los dos le sonrieron a la cámara, el fotógrafo tomó la foto. La cámara era de fotos instantáneas, por lo que el fotógrafo se las entregó. Valentín le pagó al hombre y éste se fue.

-¡Me encanta como quedamos! –Exclamó Marina al haber mirado la foto- La voy a enmarcar y la pondré en mi mesita de noche. Te amo Valentín.

-Yo también te amo Marina –Dijo Valentín y acto seguido, los dos se besaron. En breves segundos se desprendieron- Creo que ya es hora.

-¿Hora? ¿De qué? –Se extrañó Marina.

Valentín sacó del pantalón de su jean una cajita negra. La abrió ante Marina, dejando ver un anillo de compromiso sencillo, pero que para Marina significaba mucho. Ella no pudo evitar emocionarse.

-Marina, lo pensé y el tiempo que hemos pasando juntos me ha sido suficiente para darme cuenta que eres una mujer maravillosa –Dijo Valentín-. Te quiero y quisiera que nos uniéramos más. ¿Te gustaría casarte conmigo?

-¡Claro que sí Valentín! ¡Acepto! –Respondió Marina, quien al final, lloró de emoción- Acepto casarme contigo por y para toda la vida. ¡Te amo!

Marina y Valentín volvieron a besarse con ternura. Marina expresaba la gran felicidad que sentía en ese instante. Al día siguiente, Lisandro ya había llegado a Bogotá. Iba en un auto negro conducido por un chofer contratado por él.

-¡La ciudad no ha cambiado nada! –Exclamó Lisandro mirando a través de la ventanilla- Ya estoy contando los minutos para que llegar.

El chofer paró el vehículo. Lisandro salió de él y se paró frente a un establecimiento, que tenía un letrero colgando en la parte superior de la puerta. El letrero decía en una bonita letra “Antique Amor”.

-¡Quedó idéntica! –Dijo Lisandro- Claro que aproveché para hacerle un par de retoques. Lo importante es que esta noche será la gran inauguración. Va a ser una sorpresa para todos.

Lisandro pasó a la pastelería. El establecimiento estaba vacío, pero daba una impresión acogedora, la pintura era reciente y conservaba el mismo toque de antigüedad que la pastelería anterior tenía. Lisandro había reconstruido Antique Amor. El chico sacó su celular de su sofisticado bolso y llamó a su asistente personal.

-¿Te encargaste de enviar las invitaciones que te pedí para la inauguración? –Preguntó Lisandro- Perfecto. Esta noche espero a todas las personas que la recibieron. Gracias Emilie.

Lisandro sonrió emocionado y suspiró algo ansioso. Así como se lo pidió a su asistente, un cartero entregó dos invitaciones en el apartamento de Natasha, una para ella y otra para Antonio. Natasha los recibió algo extrañada. De la misma manera, Marina recibió la misma invitación en su apartamento y Valentín en la pensión donde vivía. Todos se sorprendieron al abrir el sobre y leer lo siguiente:

“ESTA NOCHE GRAN INAUGURACIÓN DE ANTIQUE AMOR EN EL CENTRO DE LA CIUDAD, 9 PM. ESTÁS CORDIALMENTE INVITAD@. RECIBIRÁS UNA GRAN SORPRESA. LLEVA ESTA MISMA INVITACIÓN PARA INGRESAR AL EVENTO”

-¿Pero qué significa esto? –Preguntó Antonio desconcertado por completo- ¿Inauguración de Antique Amor?

-Lo mismo me pasa a mí Antonio. No entiendo qué está pasando –Dijo Natasha- ¿Acaso abrieron otra pastelería con el mismo nombre de la tuya?

-Sea lo que sea, no podemos faltar. Por alguna razón especial, nos enviaron esta invitación –Dijo Antonio-. ¿Por qué precisamente a nosotros? Aquí en el reverso de la tarjeta está la dirección.

-¿Estás seguro? ¿Crees que deberíamos ir? –Preguntó Natasha.

-Sí Natasha. Es lo mejor para que resolvamos la duda –Dijo Antonio.

Fue así como llegó la hora indicada. Varias personas que también habían recibido invitación, críticos de gastronomía, entre otros iban llegando a Antique Amor. Una gran pancarta estaba colgada en la entrada a la pastelería que decía “Bienvenidos”. En el interior de ella, los invitados hablaban entre sí. Lisandro había mandando a poner mesas, sillas y a decorar la pastelería para el gran evento de inauguración. Antonio y Natasha llegaron juntos; no iban vestidos muy elegantes, de hecho, estaban vestidos comúnmente.

-¿Pero qué es esto? ¿Qué está pasando aquí? –Se sorprendió Natasha al ver reconstruida Antique Amor en el mismo sitio- Es como si la hubieran construido de nuevo.

-Cada vez entiendo menos que pasa. ¿Qué clase de broma de mal gusto es esta? –Preguntó Antonio molesto. Aún no habían entrado a la pastelería, custodiada por dos vigilantes.

-Me temo que alguien plagió tu pastelería, Antonio –Dijo Natasha-. Tenemos que entrar y hablar con el dueño. Tiene que darnos una explicación. Lo más raro o casual es que justo nos mandaron invitación a nosotros. ¿Para qué lo hicieron? ¿Con qué motivo?

-Lo mejor es que entremos de una buena vez –Dijo Antonio.

Los dos les mostraron sus invitaciones a los vigilantes y luego entraron a Antique Amor. Miraron alrededor e incluso la decoración era la misma, un poco más mejorada. De repente, se encontraron con Marina y Valentín.

-¿Ustedes? –Se sorprendió Antonio- ¿Qué están haciendo aquí?

-¿Antonio? –Se sorprendió de igual manera Marina- La misma pregunta nos hacemos Valentín y yo. Recibimos esta mañana una invitación a la inauguración y decidimos venir para ver qué estaba pasando. Tal parece que fundaron una pastelería idéntica y exacta a la anterior Antique Amor.

-Así es. Un cartero me trajo la invitación a la pensión donde vivo –Dijo Valentín.

-Esto está cada vez más extraño –Comentó Natasha-¿Por qué nos reunieron aquí a los cuatro?

En ese momento, las luces se apagaron y la pastelería quedó oscura. La única parte iluminada con luces azules era la tarima, sobre la que reposaban los miembros de una banda con sus instrumentos. Lisandro subió a la tarima, sin embargo no fue reconocido ya que llevaba puesto un antifaz y un sombrero. Tomó el micrófono y habló a los asistentes. De lejos logró reconocer a sus cuatro amigos y sonrió al verlos de nuevo después de meses.




-Tengan todos ustedes muy buenas noches –Dijo Lisandro-. Les agradezco que asistieran a este evento en el que daré apertura oficial a Antique Amor…

Mientras Lisandro hablaba, Antonio sintió algo extraño.

-Esa voz. La reconozco –Susurró Antonio consternado.

-Muchos se preguntaran quien soy, pues bien, soy Mr. Kiss –Continuó hablando Lisandro. Justo cuando dijo su nombre artístico, todos los asistentes hablaron entre sí.

-Es el mismo cantante del video que vi ayer en televisión –Pensó Antonio- ¿Qué está pasando? ¿Qué hace aquí? ¿Por qué fundó esta pastelería?

-Tenía el sueño desde hacía unos meses, fundar una pastelería –Dijo Lisandro-. Los pasteles siempre nos acompañan en muchos de nuestros buenos momentos, ya sea en cumpleaños, matrimonios, celebraciones. Nos regalan momentos dulces e inolvidables y hace también unos meses, sobre este mismo terreno estaba situada otra pastelería con el mismo nombre que ésta tiene ahora, pero por una desgracia, se cerró y ahora yo la re-abro. Espero que la disfruten, porque sólo en Antique Amor se venden los pasteles más inigualables del mundo. Muchas gracias.

-¡Lisandro! –Exclamó Antonio entre sus pensamientos.

Lisandro, en el escenario, comenzó a cantar una de las canciones de su banda “Ajisai”. Los asistentes se quedaron en silencio absoluto para disfrutar de la presentación. 


Antonio miraba sobresaltado, pero a la vez fascinado a Lisandro, la manera de expresarse corporalmente mientras cantaba, la potencia de su voz. Cuando la presentación terminó, los aplausos no se hicieron esperar. 

-¡Natasha! ¡El cantante es Lisandro! –Aseguró Antonio- Es él. Estoy seguro. Tengo que hablarle.

Antonio no esperó un momento más y buscó la manera de llegar a Lisandro en medio de los tantos asistentes al evento. 

-¡Antonio! ¡Antonio! –Lo llamaba Natasha a gritos.

Una música ambiental comenzó a ser tocada por la banda. Lisandro bajó de la tarima. Mientras caminaba, fue detenido por Antonio. Los dos volvieron a mirarse a los ojos después de tanto tiempo. Antonio, con delicadeza, le retiró el antifaz a Lisandro y confirmó lo que sentía.

-Lisandro –Le susurró Antonio sonriendo con una enorme felicidad- ¡Lisandro, eres tú! ¡Eres tú!

Y en medio de la emoción, Antonio abrazó a Lisandro y lo alzó.

-¡Antonio, bájame! ¡Bájame de inmediato! –Le pidió Lisandro con voz recia, pero a la vez riendo- Vas a hacerme caer. Bájame.

Antonio lo bajó. Reía de la felicidad y tomó el rostro de él entre sus manos.

-Te extrañé mucho. No hubo un solo día en que no pensara en ti después de que te fueras –Le dijo Antonio- No puedo creer que seas tú. Simplemente no lo puedo creer. 

Antonio volvió a abrazarlo. Lisandro le correspondió.

-Yo también te extrañé mucho Antonio. Los extrañé a todos –Dijo Lisandro-. Volví para quedarme. Ya reparé el daño tan grande que mi abuela te hizo. Tengo que contarte muchas cosas.

-Natasha ya me lo contó todo –Dijo Antonio sin dejar de abrazarlo-. Y si te quería antes, ahora te quiero más porque me demostraste lo mucho que te importo, sacrificándote por ti, anteponiendo mi bienestar antes que el tuyo. Eres lo más bonito que he tenido en mi vida. Gracias.

Lisandro no pudo evitar que le saltaran las lágrimas de la felicidad y emoción que sentía frente a las sinceras palabras de Antonio. Los dos se abrazaron más fuerte en ese momento. De repente, Antonio se separó del chico, lo miró fijamente, lo tomó con delicadeza de la barbilla y sin esperárselo, le dio un tierno beso en los labios. Lisandro se dejó llevar y a los breves segundos, no dudó en corresponderle. Natasha observó desde lejos y sonrió. 

En Nueva York, en un hospital mental, se encontraba Sofía encerrada en una habitación, controlada por una camisa de fuerza. La anciana estaba despelucada y caminaba por la habitación con la mirada retraída.

-Mi nieto se tiene que casar. Sólo así seré rica –Decía.

En eso, Sofía comenzó a tener alucinaciones y vio como su difunto esposo estaba parado en un extremo de la habitación sonriéndole con malicia. Sofía empezó a gritar histérica al tiempo que en medio de dichas alucinaciones, la habitación se prendía en un fuego infernal.

-¡Nooooooooooo! ¡Me quemo! ¡Ayúdenme! Tengo que ir a la boda de mi nieto –Gritó Sofía- ¡Me quemo! ¡Aaaaaaaaaaaah! ¡Jajajajaja! ¡Jajajaja!

Sofía daba a demostrar lo desequilibrada que estaba su mente, pues entre gritos, también explotaba en carcajadas. Pasó algún tiempo. Era de mañana y Antique Amor estaba a punto de ser abierta. El ambiente era fresco y el sol entraba por las ventanas. Estaban presentes Lisandro, Antonio, Natasha, Valentín y Marina. Los tres primeros llevaban puestos sus uniformes de trabajo, mientras que Valentín y Marina iban vestidos normalmente. La pareja se abrazaba sonriendo felices.

-¡Me alegra muchísimo por ustedes! ¡Los felicito! –Exclamó Lisandro- La mejor decisión que pudieron haber tomado fue casarse. Hacen una pareja espectacular.

-Gracias por tus palabras Lisandro –Le agradeció Marina-. Créeme que Valentín y yo estamos más que felices. Él es sin duda el hombre de mi vida.

-Eso es justo lo que más me alegra por ti Marina –Dijo Lisandro-. Finalmente puedes decir con toda seguridad que encontraste al hombre de tu vida, y por supuesto Valentín descubrió la gran mujer que eres.

-Yo también los felicito. Como dice Lisandro, hacen una pareja muy bonita –Dijo Natasha-. Espero que sean muy felices.

-Haber cuando nos dicen la noticia de que seremos tíos –Comentó Antonio, a lo que Marina y Valentín se sintieron un poco avergonzado.

-Para eso aún falta tiempo señor Antonio –Dijo Valentín-. Primero queremos disfrutar de nuestra vida de recién casados. Ya luego planearemos el tema de los hijos.

-¿Y cómo siguió tu padre Natasha? –Le preguntó Marina.

-Excelentemente Marina. Gracias a Dios ya salió del hospital psiquiátrico y estamos viviendo juntos de nuevo –Respondió Natasha muy feliz-. Tiene que seguir medicándose para evitar futuras recaídas de la enfermedad.

-¿Y ustedes dos? –Les preguntó Marina a Lisandro y a Antonio. Lisandro se sonrojó.

-Eso no te lo sabría responder Marina, pero lo cierto es que quiero mucho a éste tonto –Respondió Antonio al tiempo que le revolvía el cabello a Lisandro de manera divertida y lo abraza por detrás.

-¡Antonio, suéltame! ¡Ahora no! –Le susurró Lisandro avergonzado, pero en vez de soltarlo, Antonio lo apretó mucho más contra su cuerpo.

-¿Por qué no te dejas querer? Te quiero abrazar y no te pienso soltar hasta que me digas que me quieres –Dijo Antonio con voz recia.

-¡Ah! ¡Qué cosa contigo! –Dijo Lisandro entre risas- Está bien. También te quiero. 

De repente, tocaron la puerta de la pastelería, cosa que extrañó a todos.

-¡Qué raro! ¿Quién podrá ser? –Preguntó Natasha- ¿Será algún cliente apresurado que necesita comprar un pastel?

-Sea quien sea, en Antique Amor será muy bien recibido –Dijo Antonio, sin dejar de abrazar a Lisandro.

Natasha se dirigió a abrir la puerta sonriendo y se encontró con una simpática y exuberante mujer. Se trataba de RuPaul.


-¡Oh santo cielo! ¿Es esta la pastelería Antique Amor? –Preguntó RuPaul.

-¡Así es señorita! ¡Bienvenida a Antique Amor, la pastelería más singular! –Le respondió Natasha.



En ese momento, comenzó a sonar la canción Hot N’ Cold de Katy Perry, mientras se veía desde una vista panorámica el exterior de Antique Amor, aquella pastelería en que se dio lugar a la amistad entre cuatro jóvenes con personalidades distintas y únicas, un lugar donde la amistad quedó sellada con dulces momentos entre pasteles. 






FIN

Capítulo 26: Desgracia causada

Natasha se sentía sumamente avergonzada. Tenía la cabeza agachada, ya que no se sentía capaz de mirar a los ojos de Lisandro con todo lo que le ocultaba.



-Lisandro –Pronunció Natasha con la voz cortante-. Antes que nada debes saber que todo lo que hice, fue por mi papá. En realidad, mentí, mi papá jamás murió. Él nunca falleció. Hace seis meses fue diagnosticado de esquizofrenia. No tuve de otra que internarlo en un hospital especializado para su enfermedad. Justo ahora me llamaron de ahí para avisarme que tuvo una crisis, otra de sus tantas crisis y pienso salir a verlo.

-¿Y por qué me dices eso de que todo lo que hiciste fue por tu padre? –Preguntó Lisandro.

-Porque yo llegué a Antique Amor con un propósito –Respondió Natasha-. Todo eso de mi situación económica y de que no consigo trabajo es mentira. Todo fue para manipular a Antonio, para que me diera empleo y pudiera infiltrarme en su pastelería. En los primeros días, hice muchas cosas malas, incorrectas, inmorales, pero te juro por mi papá que ahora estoy muy arrepentida Lisandro, te lo juro por él.

-¿Sabes algo? Yo siempre sospeché que tú te traías algo entre manos –Confesó Lisandro algo decepcionado-. Y por lo visto, no me equivoqué. Pero sigo sin entender. ¿Qué tiene que ver la enfermedad mental de tu padre para que hicieras esas "cosas incorrectas" que dices?

-Es algo muy largo de hablar Lisandro, y sobretodo muy difícil –Dijo Natasha-. No sólo me es difícil a mí, sino que también resultaría muy duro para ti. Yo ahora no tengo tiempo, debo ir al hospital a ver mi papá, pero si de verdad quieres saberlo todo, está bien, acompáñame y eso te va a confirmar que lo que te digo es verdad, sólo la pura verdad

Entretanto, Sofía seguía en su habitación de hotel, sentada pensativa:



-¡Qué extraño! –Exclamó- La cobarde esa de Natasha me llamó y de repente me colgó. ¿Por qué lo haría? Debo aceptar que lo último que me dijo me dejó un poco preocupada. Esa imbécil quiere quedarse en su papel de niña buena y puede terminar contándole todo a Lisandro. Si eso llegara a pasar, mis planes se irían a la basura.


La anciana no podía evitar sentir cierta angustia.

En el apartamento de Marina, ésta se encontraba en el comedor. Tenía puesto sobre la mesa el laptop, revisando su correo electrónico.

-¡Mi jefe es un imbécil! –Se dijo- Él sabía perfectamente que estaba de vacaciones y aùn así me envió trabajo para hacer. Debería denunciarlo por acoso laboral.

En ese momento, el timbre sonó. Marina se levantó y fue a abrir la puerta. La joven se sorprendió de alegría al ver que se trataba de Valentín. Él al verla, le sonrió. Traía una bolsa en la mano.

-Hola Marina –Le saludó Valentín-. Vine a ver como estaba. Le traje un pan caliente delicioso.

-Hola Valentín, pasa por favor –Dijo Marina y Valentín pasó al apartamento. Ella cerró la puerta y Valentín tomó asiento en uno de los sofás de la sala.

-¿Y cómo se encuentra de salud? ¿Ya se siente mejor? –Le preguntó Valentín.

-Sí, de hecho ya no siento ningún dolor en ninguna parte del cuerpo –Respondió Marina al tiempo que también se sentaba en un sofá al frente de Valentín-. Fui a la droguería y compré unas pastillas muy buenas para la indigestión. Me las tomé esta mañana. ¿Y quieres tomar algo?

-Por ahora no, muchas gracias –Agradeció Valentín-. Obviamente ya debe estar enterada de todo lo que sucedió hoy en Antique Amor.

-Sí, lo vi en el noticiero –Dijo Marina-. De hecho, Lisandro estuvo esta tarde aquí. Hablamos y me contó sobre la situación de Antonio. De verdad lo siento mucho por él.

-Está muy mal, tanto que lo acompañé a un bar. Se emborrachó y empezó a decir cosas incoherentes –Dijo Valentín.

-¿Y lo dejaste solo en ese estado? –Preguntó Marina.

-Lo hubiera acompañado hasta que se cansara, pero su actitud me decepcionó –Contó Valentín-. Por más que trataba de aconsejarlo, era imposible sacarlo de ese estado de letargo. Lamentablemente, para el señor Antonio sus amigos no valemos lo suficiente. Su mundo era Antique Amor y sólo Antique Amor. Pero yo no soy el único que se ha decepcionado de él, también Lisandro.

-Tal vez deberían tenerle un poco de paciencia –Dijo Marina-. Todos sabemos que esa pastelería era muy importante para Antonio y desprenderse tan de repente de ella, lo afectó mucho, fue un golpe muy duro que no se esperaba. Mi estancia en Cartagena me hizo darme cuenta que las personas podemos cambiar. Antonio podrá ser muy egoísta, pero tampoco tiene un corazón de piedra y confío en que los estima mucho a ustedes, sus amigos.

-Ojalá sea como usted dice y tenga razón –Dijo Valentín-. Cambiando de tema, también vine para que habláramos sobre... no sé como decirlo... ¿Nuestros sentimientos mutuos?

-¡Ay Valentín! ¡Qué lindo eres! –Exclamó Marina entre risas- ¿Sabes que eso es lo que más me gusta de ti? Eres diferente a los otros hombres. Tienes algo muy especial. Posees una ternura singular que me encanta, de la cual nunca me había dado cuenta y era obvio, ya que cuando iba cada mes a Antique Amor para inspeccionar sólo te distinguía. Fue en este último mes que pudimos acercanos y conocernos más.

-Me halaga con sus palabras –Confesó Valentín que no puedo evitar sonrojarse con las palabras de Marina-. La verdad en mi vida no han habido muchas mujeres que me digan eso.

-Te digo la verdad. Es lo que veo en tí Valentín –Dijo Marina-. Yo no tengo ningún problema en empezar una relación contigo, es decir, sí quiero empezar, pero no con algo oficial, ¿me entiendes? Quiero ir paso a paso y no directo al grano como me sucedió con Antonio. Quiero que primero salgamos, que disfrutemos las cosas lindas del romance, esas cosas que hacen emocionar y enamorarse cada día más de la otra persona. Disculpa si estoy siendo demasiado cursi.

-¡No, claro que no! De hecho, a mí también me gustaría empezar de esa manera –Dijo Valentín que se levantó del sofá y fue a sentarse al lado de Marina. Los dos se miraron fijamente-. Yo también quiero estar a su lado, quererla, hacerla muy feliz. Yo nunca he tenido novia, por lo menos nunca he sentido esto que ahora siento por usted. Lo cierto es que me doy cuenta que es una mujer maravillosa, hermosa, la que quiero para mí. Ese es mi mayor deseo en este momento.

Valentín tomó a Marina de las manos. Ella se sorprendió por el gesto, pero le sonrió a Valentín.

En un hospital mental de la ciudad, se encontraban Lisandro y Natasha en los corredores por los que estaban ubicados los cuartos. Por aquellos corredores no había nadie, más que ellos y una joven enfermera que los atendió.

-Sólo porque la conozco, le dejo ver a su padre a esta hora –Le dijo la enfermera a Natasha-. Sabe muy bien que no es momento de visita y si me llegan a descubrir, me voy a meter en problemas serios.

-No te preocupes Micaela –Dijo Natasha-. Te aseguro que es la última vez que visito a mi papá por la noche. Tú sabes que me era necesario venir hoy por esa nueva recaída que tuvo, pero de verdad, es la última vez.

-Está bien –Dijo la enfermera-. Acompáñenme.

La enfermera fue al cuarto donde estaba internado el padre de Natasha. Tanto la modelo como Lisandro siguieron a la enfermera. Cuando llegaron, se pararon frente a la puerta que tenía una ventanilla transparente por la que se podía ver al interior.

-Ahí está. Como es peligroso, no puedo abrir la puerta. Lo siento –Dijo la enfermera.

Natasha y Lisandro se acercaron a la puerta y miraron por la ventanilla. Ahí vieron al señor, atado a una camisa de fuerza y sentado en el piso mirando al techo. A Natasha se le salieron las lágrimas al ver a su padre.

-¿Lo ves Lisandro? –Preguntó Natasha- Ese es mi papá, un hombre que ya no es la sombra de lo que era antes. Verlo así me duele mucho, me siento impotente no poder hacer algo para curarlo, para que vuelva a ser mi papá.

-Se le aplicó un sedante hace unos minutos –Dijo la enfermera-. Por eso se calmó. Ya le debe estar haciendo efecto. Los dejo solos. No se demoren mucho por favor.

La enfermera Micaela se retiró.

-¿Y por qué mentiste diciendo que había muerto Natasha? –Le preguntó Lisandro- Si amas tanto a tu papá, ¿cómo pudiste utilizarlo para entrar a trabajar en Antique Amor? Fue algo muy serio, no debiste jugar con eso.

-Yo estaba completamente desesperada Lisandro –Se excusó Natasha-. Lo que gano en una pasarela no me alcanzaba para costear el tratamiento que mi papá necesita para curarse, ni siquiera para comparle sus medicamentos, ya que el hospital no los cubre. Por eso, tuve que aceptar un trabajo, un trabajo que iba en contra de todo lo que mi papá me había enseñado.

-¿Un trabajo? –Se sorprendió Lisandro- ¿Qué clase de trabajo?

-Fue tu abuela –Respondió Natasha-. Ella...me contactó. Mandó a un detective para investigarme y por eso se enteró de mi situación. Me prometió pagarme una alta suma de dinero, muchísimo más de lo que yo ganaba con mi profesión, pero la única manera en la que me daría ese dinero era apartándote a ti de Antonio. Debía enamorarlo a él, para que tú te decepcionaras.

-Eso es muy difícil de creer Natasha. No lo creo, no me hago esa idea en mi cabeza –Dijo Lisandro.

-Es la verdad, perdóname pero tu abuela es una completa desgraciada. Está desquisiada –Dijo Natasha-. Ella descubrió que tú... estabas enamorado de Antonio por una carta, no lo recuerdo muy bien. Al parecer, luego de que ella te echó de Nueva York, descubrió una carta entre tus cuadernos, escrita por tí y que iba dirigida a Antonio. En esa carta le confesabas a él que lo querías, bueno, como te digo no lo recuerdo muy bien. Después de eso, Sofía investigó donde estabas, donde vivías y al enterarse que trabajabas cerca de Antonio, me contactó, para no permitir que entre ustedes pudiera suceder algo.

-No sé qué pensar. Esto me deja sin palabras, me deja confundido –Dijo Lisandro dándose vuelta frustrado-. Yo nunca te conté cuál fue el motivo por el que partí de Nueva York, sin embargo, lo sabes –Y volvió a darle la cara a Natasha-. Sabes que fue por mi abuela que me echó.

-Lo sé porque ella me lo dijo. Tus abuelos no pudieron consentir que tuvieran un nieto gay –Dijo Natasha-. A causa de eso te echaron. Yo lo sé porque tu abuela me lo dijo todo Lisandro. Yo no te pido que me creas. Ahora lo que me importa es que sepas la verdad, porque me abrume ocultártela.

-Yo quisiera creer lo que me dices, y sé que mi abuela es una mujer maquiavélica, pero para llegar a el extremo de contactar a una modelo súper conocida para separarme a mí de Antonio, suena como algo sacado de una telenovela –Dijo Lisandro-. ¿Mi abuela por qué haría eso? A ella yo no le importo en la más mínimo, como tampoco le tiene por qué importar lo que haga con mi vida. A mi abuela le daría lo mismo que tuviera una relación con Antonio, si fuera posible, claro.

-Es que ella está a punto de quedar en quiebra. La microempresa que maneja va a quedar en la bancarrota –Dijo Natasha-. Y como no quiere quedarse en la calle, piensa que casándote con una millonaria su situación económica va a mejorar. Por ese motivo vino a Colombia, para hacerte la vida imposible, para obligarte a que cumplas con sus caprichos. Lo peor de todo es que en parte lo logró. Doña Sofía es la causante de esa intoxicación que hubo en Antique Amor. Todo fue planeado, hasta que Antonio fuera demandado, para que tú en medio de la desesperación vayas a pedirle ayuda. De esa manera te piensa manipular. Te va a poner como condición regresar con ella a Nueva York y casarte. 

-Eso es imposible Natasha, no puede ser –Dijo Lisandro, al tiempo que le invadían las ganas de llorar. En su garganta se formó un nudo.

-Yo te lo dije antes de que viniéramos aquí. Te dije que te iba a afectar –Dijo Natasha-. Tu abuela fue tan desgraciada que me citó una noche a un restaurante para entregarme un líquido. Ese líquido yo lo tenía que mezclar en la masa de los pasteles de Antonio. En pocas palabras, quería mi ayuda. Yo me indigné tanto frente a eso, que la dejé plantada. Me negué a hacerlo y me amenazó.

-¿Hablabas con ella justo cuando yo llegué? –Le preguntó Lisandro.

-Sí. La llamé para decirle sus verdades, y me amenazó nuevamente –Respondió Natasha-. Doña Sofía logró darme un poco de dinero para comprarle los medicamentos a mi padre, cuando hicimos la fiesta de Halloween. Esa noche yo debía seducir a Antonio, debía emborracharte y debía hacer que Valentín se encargara de ti. 

-¿Cómo pudo mi abuela pisotearme de esa manera? –Se preguntó Lisandro sollozando y con una enorme ira- ¿Cómo pudo ser capaz? Y así fue tan hipócrita que se apareció en tu apartamento y fingió no conocerte. ¡Y tú hiciste lo mismo! Las dos se burlaron de mí frente a mis narices, pero lo peor es que los propósitos de mi abuela también alcanzaron a Antonio y él está a un paso de quedar condenado a cárcel. ¿Te das cuenta de la magnitud de lo que hiciste Natasha?

-Perdóname Lisandro –Le suplicó Natasha entre lágrimas-. Desde lo profundo de mí te digo que estoy arrepentida, muy arrepentida de eso. Todo lo hice por mi papá, pero sé que no se justifica. Perdóname.

-No es necesario que me pidas perdón Natasha, porque a mí no me corresponde hacerlo –Dijo Lisandro-. El perdón es de Dios. Lo importante es que estás arrepentida y reconoces que hiciste mal. Pero mi abuela es una cínica, una hipócrita. Tú sólo fuiste su títere, un títere que se dejó manejar. Ella es la mente maestra de todo. ¡Qué denigrante! Pero esto no se puede quedar así. Sofía Villegas va a tener que aceptar todo dándome la cara.

Por otra parte, en Antique Amor, Antonio se encontraba adentro, con las luces apagadas. Las luces de la vitrina donde se exhibían los pasteles, que estaba prendida, era lo único que iluminaba el establecimiento. El joven caminaba entre las mesas, triste. Estaba muy apegado a ese lugar y a su mente llegaron diversos recuerdos, como la noche de aniversario, en la que todos estaban reunidos:

"-¡Listo! ¡Ya voy a tomar la foto! –Dijo Antonio.

-¡Espera, espera! –Le detuvo Lisandro- ¿Les parece que estoy bien? ¿Tengo bien peinado el flequillo?

-Sí Lisandro, no te preocupes, estás guapísimo –Respondió Natasha-. ¿Y yo? ¿También estoy bien peinada? ¿No tengo el maquillaje corrido o algo?

-Te aplicaré un poco de rubor. No querrás salir muy pálida –Dijo Lisandro que sacó de su bolso la cajilla de rubor y le aplicó a Natasha con una esponjilla en cada pómulo de su cara con delicadeza.

-Listo señor Antonio, adelante, tome ya la foto –Dijo Valentín, luego de que Lisandro terminara de maquillar a Natasha.

Antonio estiró el brazo izquierdo, con el fin de que todos lograran quedar fotografiados. Los cuatro se juntaron mientras sonreían felices. Antonio tomó la foto".

-Todo se quedó aquí –Se dijo Antonio sollozo-. Pero no se puede hacer nada. Sólo me quedan ellos... mis amigos. Mis mejores amigos a los cuales he tratado mal cuando son lo único que me queda. ¡Qué idiota he sido con ellos!

Antonio recordó algo más, de hace unos momentos, cuando estaba en el bar con Valentín hablando:

"-Señor Antonio, no se resigne tan facilmente. Todo no está perdido todavía –Dijo Valentín-. Si se apoya en sus amigos, estoy seguro que saldremos adelante todos juntos y cuando menos piense, estaremos trabajando de nuevo en Antique Amor, haciéndola cada día una excelente pastelería.

-Eres muy ingenuo con la realidad Valentín –Comentó Antonio-. La vida no es tan fácil. Las cosas no son tan fáciles.

-Las cosas no son fáciles para aquel que no cree –Dijo Valentín-. Y por lo visto, usted no cree en sus amigos ni mucho menos en usted. Es la primera vez que me decepciona señor Antonio, porque siempre lo consideré como un maestro que me enseñó a no rendirme nunca, sino a perseguir los sueños trabajando duro. Realmente me decepciona".

-Valentín tiene toda la razón. Lisandro también tiene toda la razón –Continuó hablando Antonio para sí mismo-. ¿Qué demonios me pasa? Si seguimos juntos, podemos salir adelante de nuevo.

Afuera de Antique Amor, se encontraba una persona misteriosa. Estaba encapuchado, vestido de negro y usaba unos guantes de cuero del mismo color. Esa persona regaba gasolina de un recipiente alrededor de la pastelería, y cuando terminó, tiró el recipiente, sacó de su bolsillo una cajilla y de ella, sacó un cerillo el cual encendió. La persona misteriosa arrojó el cerillo sobre la gasolina regada y en menos de cinco segundos Antique Amor quedó envuelta en llamas. La persona salió corriendo de allí y adentro, Antonio no se imaginaba el peligro de muerte que estaba corriendo, la desgracia causada que estaba a punto de caer sobre él.

En la habitación de hotel donde se estaba hospedando Sofía, ésta última escuchó que tocaban la puerta. La anciana fue a abrir. Era Lisandro y Natasha; al ver a la modelo, Sofía se sorprendió, ya que sólo esperaba a su nieto.

-Buenas noches abuela –Le saludó Lisandro-. ¿Podemos pasar? Necesito hablar algo muy importante contigo.

-Claro, pasa –Dijo Sofía con indiferencia.

Los jóvenes pasaron a la habitación. Natasha cerró la puerta.

-Y bien, ¿para qué me llamaste e insististe tanto en venir hasta aquí? –Le preguntó Sofía a Lisandro- Pensé que vendrías solo, pero veo que trajiste compañía.

-Por favor abuela, deja de fingir. Deja de ser tan hipócrita –Dijo Lisandro-. No es necesario, porque ya lo sé absolutamente todo. ¿Por qué actúas como si no conocieras a Natasha si antes la conoces mejor que yo?

-No entiendo de qué estás hablando –Dijo Sofía dándole la espalda a Lisandro.

-¿A no? ¿Por qué no te quitas la máscara de una buena vez? No trates de seguir tomándome por idiota –Dijo Lisandro con severidad-. ¿Así que le pagaste a una hermosa modelo para sedujera a Antonio y lo apartara de mí? ¿Te aprovechaste de que el padre de esa mujer padeciera una enfermedad mental? ¿Fuiste de capaz de culpar a Antonio de algo que no hizo para perjudicarlo ¡Vamos! ¡Acéptalo dándome la cara! ¿O piensas negarlo?

-¿Así que la estúpida de Natasha te lo contó? –Dijo Sofía volteando de nuevo y mirando retadoramente a Lisandro- ¡Pues sí! ¡No tengo por qué negarlo! Lo acepto. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Denunciarme?

-¿Cómo es posible que seas así? ¿No sientes vergüenza reconocer semejante cosa tan campante? –Preguntó Lisandro- Pensé que por lo menos lo aceptarías con humildad o que hasta lo negarías, pero me equivoqué.

-Eres muy ingenuo Lisandro –Dijo Sofía-. Yo no tengo que negar nada. Todo lo que he hecho ha sido lo mejor, lo que más conviene. Si sabes la verdad, está bien. No me pienso angustiar, ni echarme a llorar. De todos modos, tendrás que regresar conmigo a Nueva York para casarte, te guste o no. No olvides que tu queridísimo amigo Antonio está de por medio y si yo quiero, lo puedo refundir en la cárcel por mucho tiempo. No tienes opción. Depende de ti si la vida de Antonio se arruina más de lo que ya está.

Y frente a esas palabras, una mezcla de sentimientos invadieron a Lisandro: enojo, decepción, sorpresa, miedo e impotencia. Natasha indignada decidió intervenir.

-Usted no es más que una vieja cínica y sinvergüenza. Su nieto se acaba de enterar de todo y sin importarle, continúa amenazándolo. ¿No se ha dado cuenta que si Lisandro quiere la puede demandar por difamación? Se metería en graves problemas si la policía se entera que toda esa intoxicación fue causada por usted y no por Antonio que es inocente de todo.

-Ni a Lisandro, ni a ti, ni al imbécil de Antonio les conviene demandarme –Dijo Sofía-. Si alguno de ustedes llega a hacerlo, se pueden arrepentir. ¿Piensan que pueden salirse con la suya? No. Podré estar vieja, pero no he perdido mi astucia. ¡Como sea haré que Lisandro se case y me saque de la ruina! ¡Como sea!

-¡Vieja desgraciada! –Le gritó Natasha que iracunda, fue y abofeteó a Sofía.

-Natasha, cálmate –Le pidió Lisandro, deteniendo a Natasha para evitar que pudiera volver a golpear a Sofía-. A golpes no vamos a solucionar nada. Y tú abuela, necesitas ir urgente a un psquiátra, porque estás loca. ¡Loca por completo para maquinar semejantes cosas! De ninguna manera me vas a obligar a nada, ni siquiera manipulándome poniendo de por medio a Antonio. Antes de que me obligues a algo, te vas directo a un manicomio y con justa razón.

-Ya lo veremos Lisandro. ¡Tú eres mi nieto y me debes obedecer! –Dijo Sofía- Pero como eres tan terco y te abstienes tanto, deberé reprenderte severamente. Sólo así verás mucho más de lo que soy capaz de hacer para ponerte en tu sitio.

-Pues si esa es tu última palabra, mi última palabra es que nada me hará someterme a ti. Óyelo bien: ¡nada! Mejor vámonos de aquí Natasha. Ya no tenemos nada más que hacer –Concluyó Lisandro, que le dio una última mirada de recelo a su abuela y salió de la habitación junto a Natasha.

En Antique Amor, Antonio continuaba recorriendo la pastelería, pero se detuvo cuando empezó a sentir un olor extraño y un intenso calor.

-Huele como si algo se estuviera quemando –Se dijo al tiempo que respiraba el olor.

Antonio siguió aquel olor hasta la entrada de la pastelería, sorprendiéndose al ver unas inmensas llamas consumiendo todo, con las cuales era imposible salir. El joven se cubrió con el brazo la boca y la naríz para evitar que pudiera respirar el humo.

-¿Pero qué es esto? –Preguntó Antonio muy asustado- ¿Cómo pudo causarse incendiarse la entrada así?

Antonio salió corriendo para la cocina, pero su sorpresa fue más al ver que ésta también ardía en llamas, mucho más que en la entrada. Como en la cocina había un extinguidor, Antonio lo tomó y trató de apagar el fuego, pero era inútil, ya que la magnitud del incendio era muy grande. Al ver que el fuego no cesaba, Antonio tiró el extinguidor al suelo:

-¡Demonios! –Gritó enojado- ¿Cómo se supone que voy a salir de aquí? ¿Cómo no me di cuenta antes?

De repente, debido a una grieta en la tubería, empezó a salir gas. Antonio desesperado, intentó ver por todas partes una manera de salir mientras tosía. Fue así como vio una ventana a la que era posible llegar, ya que las llamas no le impedían el paso. Sin dudarlo, Antonio corrió hacia allí, abrió la ventana y saltó. No pasaron ni dos segundos para que Antique Amor explotara en medio de un intenso y aterrador fuego.

Marcus caminaba por una acera solitaria, tomó su celular y llamó a Sofía. Ésta última contestó, no sin antes ver en la pantalla de quien se trataba.

-¿Hiciste el trabajo que te pedí? –Le preguntó Sofía.

-Así es. Esa pastelería va a quedar reducida en miserables cenizas. No quedará nada de ella –Respondió Marcus.

-¡Perfecto! –Exclamó Sofía- Lo más seguro es que Lisandro sospechará que yo he sido la causante de todo. Yo le confesaré de manera indirecta y misteriosa, por lo que le quedará la duda de si realmente yo mandé a quemar la pastelería o no. Mi nieto va a empezar a darse cuenta de todo a lo que soy capaz de llegar cuando quiero algo.

-Es usted una mujer muy inteligente doña Sofía –Comentó Marcus-. Me sorprende su perseverancia y también la admiro. Pero si Lisandro tampoco cede a casarse con esto, ¿qué más piensa hacer?

-Es imposible que Lisandro sea tan duro, pero si por alguna razón, continúa absteniéndose, ya iré pensando que más hacer –Dijo Sofía-. Lo cierto es que él, tarde que temprano, se casará, me hará más rica, me sacará de la bancarrota...

-También recuerde que a parte de eso, va a ser mi amante –Dijo Marcus.

-Si es tu amante o no, me importa un bledo –Dijo Sofía-. Lo que haga Lisandro me vale. Lo único que me interesa de él, es como pueda beneficiarme. Hablaremos luego. Te estaré llamando.

Sofía colgó el celular. Marcus también lo colgó, lo guardó y sonrió con malicia:

-Yo no puedo esperar a que Lisandro se case para que esté en mis manos –Se dijo-. Él debe ser mío antes. Debo tenerlo para mí.

Por otra parte, Lisandro y Natasha llegaron al apartamento de ella. Entraron, prendieron las luces y se sentaron exhaustos.

-Aún se me dificulta creer todo de lo que me enteré en tan sólo un día –Comentó Lisandro-. Nunca me imaginé que mi abuela estuviera tan obsesionada con controlarme para llegar a lo que fue capaz. Me cuesta aceptarlo, pero está perdiendo la razón.

-Estoy de acuerdo contigo –Convino Natasha-. Esa anciana está loca Lisandro, loca por completo para idearse tantas locuras en su mente perturbada.

-Pero por más locuras que sean, al final... tendré que hacer caso a ellas –Dijo Lisandro con cierta tristeza en su voz.

-¿Cómo puedes decir eso Lisandro? ¿No te das cuenta que sería darle gusto a tu abuela? –Preguntó Natasha- Eso sería darle a ella la razón, el triunfo.

-¿Qué más puedo hacer Natasha? No tengo opción –Dijo Lisandro-. Por más que intente aparentar frente a mi abuela que soy terminante, en el fondo me asusta. No puedo permitir que para manipularme le haga daño a algunos de mis amigos, ni mucho menos a Antonio que ya ha tenido bastante con lo sucedido en Antique Amor.

-Me gustaría ayudarte, pero no sé como. Me siento impotente –Dijo Natasha-. Definitivamente esa anciana es una desgraciada.

-Te agradezco por tu preocupación Natasha, pero no es necesario que hagas algo –Dijo Lisandro-. Esto debo solucionarlo yo. Lo mejor es que antes de que mi abuela les haga daño a las personas que quiero, regrese con ella a Nueva York y me case, así eso vaya en contra de mis principios y de mi felicidad.

-Yo insisto en que no deberías Lisandro, no te sacrifiques así –Insistió Natasha-. Aún tienes mucho por delante, demasiado porque eres muy joven. No te puedes casar con una mujer por la que no vas a sentir absolutamente nada.

-No Natasha, ya dije que no. No hay que verlo por el lado malo –Dijo Lisandro-. También podemos verlo por el lado bueno. Luego de que le de gusto a mi abuela y por fin se quede contenta con la plata que conseguirá a costa mía, es posible que... mi esposa, más que eso, sea como una amiga. Si llego a casarme, puedo ser claro con ella y hablarle respecto a mis sentimientos e inclinaciones.

-No seas ingenuo. Aunque intentes verlo por el lado bueno, en el futuro esa vieja va a seguir manipulándote –Dijo Natasha-. Sofía no entiende razones, es inescrupulosa, denigrante, no le importa si su bienestar es a costa de lo correcto o de lo incorrecto. ¿Quieres vivir así toda tu vida? ¿Quieres vivir siendo un pelele, el títere de tu abuela? ¿Eso quieres Lisandro?

-Ya no más, por favor. Te suplico que te calles –Le pidió Lisandro muy triste, pues sabía que Natasha tenía la razón-. Lo único que sé es que no puedo a esperar a que mi abuela haga algo más, no puedo, entiéndelo. En cuanto pueda, debo hablar con ella, así me vea humillado. No tengo salida. Me tiene en sus manos.

Lisandro se levantó y se fue a su cuarto, sintiéndose impotente respecto a su situación. Natasha le miró con pesar, mientras suspiraba.

-Esto está pasando por mi culpa –Se dijo la joven-. Debo encontrar una manera de que esa anciana desgraciada no se salga con la suya. No se lo voy a permitir, así sea lo último que haga. Lo haré por limpiar mi nombre, por mi papá y por mis amigos a los que tanto he afectado.

Un par de horas después, afuera de Antique Amor, estaban estacionados varios camiones: el de bomberos, uno de policía y una ambulancia. Una gran multitud de personas veían lo ocurridos; Antique Amor había quedado reducida a cenizas, aunque el establecimiento permanecía en pie pero quemado por completo. Ya no había fuego, puesto que los bomberos habían cesado las llamas. 

Algunos oficiales de policía les hacían preguntas a las personas sobre lo ocurrido y Antonio era llevado, inconsciente sobre una camilla por paramédicos y subido a la ambulancia. El joven llevaba puesta una mascarilla entre la boca y la nariz, además tenía la piel de la cara sucia por el hollín. Un equipo de periodistas llegó al lugar para cubrir la noticia sobre lo ocurrido.

En su apartamento, Natasha estaba viendo la televisión en la sala, pasando de canal en canal. Decidió dejarlo justo en el noticiero donde se emitía la noticia de Antique Amor. Una periodista narraba los hechos:

-Nos encontramos a las afueras de la pastelería Antique Amor, donde no hace muchos minutos, fue consumida por un voraz incendio seguido de una fuerte explosión que dejó al establecimiento a sólo un paso de desplomarse.

-¡Dios mío! –Exclamó Natasha muy preocupada. La periodista continuó narrando:

-Hasta el momento sólo se reportan daños materiales, con un único herido que resulta ser Antonio Guarín, el dueño de la pastelería, quien justo hace unos momentos fue llevado de urgencia al hospital. Aún se desconoce su estado. Debemos recordar que contra Antonio Guarín fue levantada esta mañana una demanda por daños y perjuicios, a causa de una intoxicación múltiple a sus clientes...

Natasha se levantó corriendo a la habitación de Lisandro, mientras gritaba angustiada su nombre:

-¡Lisandro, Lisandro!

Lisandro al escuchar, salió de su cuarto extrañado por los gritos de la modelo.

-¿Qué pasa Natasha? –Le preguntó- ¿Por qué gritas así? ¿Que te sucede?

-Ocurrió una desgracia. Lo acabo de ver en el noticiero, otra desgracia –Dijo Natasha desesperada-. Ocurrió algo horrible en Antique Amor, con Antonio... Antonio...

-¿Qué pasó con Antonio? No te entiendo nada. ¿Qué viste en el noticiero para que te alteraras de esta manera? –Preguntó Lisandro.

-Antique Amor se quemó. ¡Se quemó Lisandro! –Respondió Natasha- Un incendio acabó con todo, no sé como pasó, lo cierto es que se llevaron a Antonio al hospital herido. No sé si está grave.

-¿Qué? ¿Pero cómo es posible? –Se sorprendió Lisandro- Eso no puede ser Natasha. ¿Estás segura?

-Lo vi en el noticiero. Antique Amor quedó destruida por completo, está hecha cenizas –Le aseguró Natasha-. Alcancé a ver que el techo se cayó. La pastelería está quemada.

-Es que no puede ser posible. No. Tenemos que ir ya mismo a ver como está Antonio –Dijo Lisandro-. No nos podemos quedar aquí con la incertidumbre de saber como sucedió todo. ¿A qué hospital fue llevado?

-No lo sé, no dijeron en la televisión. Lo más seguro es que fue llevado a un hospital cercano –Dedujo Natasha-. Podemos buscar en el directorio hospitales aledaños a Antique Amor, llamamos y averiguamos. ¿Te parece?

-Claro, es lo mejor que podemos hacer. Todo en este momento es aceptable –Dijo Lisandro.

Por otra parte, Marcus también había visto la noticia por la televisión de una cafetería. Se sintió un poco asustado, pues no tenía conocimiento de que Antonio estaba dentro de la pastelería cuando causó el incendio.

-Si al tipo ese le llega a pasar algo, va a ser mi culpa –Pensó Marcus-. No esperaba que estuviera dentro de la pastelería. Me convertiría en un asesino si muere.

Sofía también vio la noticia en la televisión que tenía ubicada en su habitación de hotel. La maquiavélica anciana sonrió con satisfacción, pero a la vez con un toque de malicia.

-El trabajo que hizo Marcus no estuvo para nada mal –Se dijo-. Mató dos pájaros de un solo tiro. Por una parte quemó la inmunda pastelería esa e hizo que el imbécil de Antonio sufriera un "accidente". Si se muere mejor. Habrá una lacra menos en el mundo, aunque pensándolo bien, no me convendría que muriera. Ahora no debe tener ni en qué caerse muerto, tiene deudas por doquier. Lisandro no se podrá resistir frente a esto. Él no es tan insensible. Ahora sí, hará lo que quiero. Sé que no me equivoco.

Lisandro y Natasha llegaron finalmente al hospital donde Antonio había sido llevado. Entraron algo apresurados:

-¿Estás segura que éste es el hospital Natasha? –Le preguntó Lisandro.

-Sí, no soy muy buena con las direcciones, pero tampoco soy tan bruta para no llegar –Dijo Natasha-. Además le dimos la dirección al taxista y él nos trajo aquí. Por ende, ese debe ser el hospital.

-Preguntémosle a la señorita de la recepción –Dijo Lisandro y ambos se acercaron a la recepción, donde le preguntaron a la joven encargada si Antonio estaba internado en aquel hospital. La respuesta de la recepcionista fue afirmativa al revisar en el computador la lista de pacientes.

-Así es. El señor Antonio Guarín está internado aquí –Dijo-. Ingresó hace media hora a cuidados intensivos.

-¿A cuidados intensivos? –Preguntó Natasha- ¿Pero por qué? ¿Acaso está muy grave?

-No lo sé exactamente señorita –Respondió la recepcionista-. Lo único que puedo decirle es que el señor Guarín entró inconsciente con un severo golpe en la cabeza. Hasta el momento no se me ha reportado más información. Pueden quedarse en la sala de espera y cuando el doctor encargado salga les dará noticias.

-Está bien muchas gracias –Le agradeció Lisandro.

Juntos se fueron a sentar en las sillas de la sala de espera, tal y como se los indicó la recepcionista.

-¿Qué vamos a hacer Natasha? No sé tú, pero yo estoy al borde de la desesperación sin saber qué le pasó a Antonio –Dijo Lisandro

-A mí me pasa igual Lisandro, porque Antonio es mi amigo y me preocupa –Dijo Natasha-. Pero debemos tener un poco de paciencia. No entiendo como pudo haber sucedido esto. ¿Cómo pudo incendiarse Antique Amor? No lo entiendo.

-El único que puede darnos esa respuesta es Antonio –Dijo Lisandro-. Ojalá despierte pronto y nos cuente como sucedió todo. Yo deduzco que tal vez pudo ser una avería en la tubería del gas, no sé, aunque lo dudo porque Antonio era responsable con el mantenimiento. No sé.

-Deberíamos avisarle a Valentín y a Marina –Dijo Natasha-. Seguro vieron el noticiero, pero deben tener la duda de en qué hospital se encuentra Antonio.

-O tal vez no saben nada. Yo llamaré a Marina –Dijo Lisandro, que sacó su celular del bolso y tal como dijo, llamó a su amiga Marina.

Marina estaba en su apartamento, viendo una película en el DVD con Valentín. Ambos estaban sentados en un sofá, muy cercanos al uno al otro y comiendo palomitas de maíz.

-Es la primera vez que veo a un hombre, que le gustan las películas románticas –Comentó Marina emocionada.

-Pues ya ve. A mí me gustan mucho porque reflejan el verdadero amor entre dos personas –Dijo Valentín-. Más bien me considero un espectador crossover, veo un poco de todo género.

-Valentín, entre otras cosas, ya deja de tratarme de “usted”. Trátame con más confianza –Dijo Marina-. Tutéame.

-Es que no estoy muy acostumbrado a llamar a las personas así –Dijo Valentín algo avergonzado.

-Pues ya te vas a tener que acostumbrar. Aún no somos novios oficiales, pero debemos ir paso a paso y tratarnos con más confianza hace parte de ese proceso –Dijo Marina.

En ese momento, el celular de la joven sonó. Marina se levantó del sofá para contestar y antes de hacerlo, vio en la pantalla que se trataba de Lisandro.

-Hola Lisandro –Contestó Marina algo extrañada-. ¿Cómo estás?

-Marina, perdón que te llame a esta hora, pero es que debo informarte de algo sumamente importante –Dijo Lisandro con un tono de voz bastante abrumado.

-¿Qué pasó? Por como me hablas, intuyo que no es nada bueno –Dijo Marina.

-No lo es. Supongo que estás con Valentín, así que infórmale también a él que Antonio sufrió un accidente –Contó Lisandro.

-¿Qué? –Se sorprendió Marina- ¿Pero qué le pasó? ¿Cómo?

-Estaba en Antique Amor cuando la pastelería se incendió –Respondió Lisandro-. En el noticiero salió la nota. Todo el establecimiento quedó en cenizas, quemado por completo. Trajeron a Antonio al hospital, pero está inconsciente.

-¡Dios mío! –Exclamó Marina- Ya mismo le digo a Valentín y salimos para allá. ¿A qué hospital llevaron a Antonio?

Lisandro le dijo a su amiga el hospital correspondiente. Horas después, cuando el hospital ya estaba algo desolado, en la sala de espera estaban Lisandro, Natasha, Marina y Valentín. Estos tres últimos estaban sentados. Como hacía algo de frío, Valentín abrazaba a Marina. Natasha estaba pensativa, mientras cruzaba las piernas y Lisandro caminaba de un lado a otro. En un momento dado, Marina bostezó:

-¿Qué hora es? –Preguntó Marina.

-Ya son más de las once –Respondió Natasha, luego de haber mirado la hora en su celular.

-Es casi media noche y aún no nos dan noticias de Antonio –Dijo Lisandro con cierta desesperación-. ¿Cómo es posible? Hace mucho rato lo trajeron y aún el médico que lo examina no sabe qué tiene. ¡Qué negligencia!

-Es mejor que se calme –Le dijo Valentín a Lisandro-. Hace rato está de un lado para otro. Se va a agotar.

-¿Qué más puedo hacer Valentín? –Preguntó Lisandro- ¿No te das cuenta que Antonio entró inconsciente a este hospital y a estas horas no sabemos nada de él? Espero que ese golpe en la cabeza no vaya a afectarlo de ninguna manera.

En ese momento, el deseo de Lisandro se cumplió. El médico que atendía a Antonio llegó a la sala de espera. Inmediatamente todos los presentes se levantaron. Lisandro era el más interesado en saber el estado de Antonio.

-¿Son familiares del señor Antonio Guarín? –Preguntó el médico.

-Somos sus amigos doctor –Dijo Lisandro-. ¿Cómo está él? ¿Ya despertó? ¿Estás consciente?

-Por favor, ojalá sean buenas noticias –Dijo Marina.

-Desgraciadamente no señorita –Respondió el médico-. El señor Guarín aún no despierta. El severo golpe que sufrió en la cabeza, le dejó como consecuencia un peligroso hematoma –Contó el médico el diagnóstico-. A parte de eso, tiene un esguince en el pie derecho y quemaduras de segundo grado. Aún es muy pronto para diagnosticarle un coma, falta hacerle unos estudios, pero estamos haciendo todo para mantenerlo en controles.

-No puede estar pasando esto –Dijo Lisandro, al tiempo que le invadían las ganas de llorar.

-Es mejor que se vayan a sus casas a descansar –Dijo el médico-. Dejen sus datos de contacto en la recepción para mantenerlos informados del estado del señor Guarín.

El médico se retiró de la sala de espera. Lisandro fue a sentarse consternado por todo lo sucedido.

-¡Pobre señor Antonio! –Exclamó Valentín- Con todo lo que le ha pasado hoy es como si se le viniera el mundo encima.

-Ya lo se vino Valentín, ya se lo vino –Dijo Lisandro-. No me cabe en la cabeza como en tan solo un día pudieron pasar tantas cosas. Primero clausuran la pastelería y demandan a Antonio, después esto. ¿Cómo es posible?

-A nosotros nos pasa igual Lisandro –Dijo Marina-. Pero si algo he aprendido de la vida, es que frente a estos golpes no podemos rendirnos, sino al contrario: levantarnos. 

-Sé perfectamente lo que dices Marina, pero ¿de qué otra manera nos vamos a desahogar? –Dijo Lisandro-. Es injusto lo que está pasando con Antonio. ¡Es que no entiendo nada! ¿Qué hacía él en Antique Amor? ¿Cómo se incendió?

Al final, Lisandro no pudo evitar que le saltaran las lágrimas de la impotencia. Natasha lo abrazó para consolarlo. Marina y Valentín miraban tristes. Al día siguiente, en el apartamento de Natasha, Lisandro ya se estaba arreglando para volver al hospital. Estaba en su cuarto, peinándose el cabello y mirándose al espejo, cuando se detuvo un momento a recordar las palabras de su abuela la noche anterior:

-Eres muy ingenuo Lisandro –Dijo Sofía-. Se ve que aún no me conoces bien siendo yo tu abuela. Yo no tengo que negar nada. Todo lo que he hecho ha sido lo mejor, lo que más conviene. Si sabes la verdad, está bien. No me pienso angustiar, ni echarme a llorar. De todos modos, tendrás que regresar conmigo a Nueva York para casarte, te guste o no. No olvides que tu queridísimo amigo Antonio está de por medio y si yo quiero, lo puedo refundir en la cárcel por mucho tiempo. No tienes opción. Depende de ti si la vida de Antonio se arruina más de lo que ya está

-¿Cómo puede ser posible que mi abuela me manipule de esta manera poniéndome de por medio a Antonio? –Se preguntó Lisandro.

En ese momento, Natasha tocó insistentemente la puerta de la habitación. Lisandro se apresuró a abrir extrañado:

-¿Qué ocurre Natasha? ¿Pasó algo? –Le preguntó Lisandro.

-Así es Lisandro. Acaban de llamar del hospital. Tenemos que ir. El doctor dice que no nos tiene buenas noticias –Respondió Natasha.

Lisandro no pudo evitar que la invadiera de nuevo la preoupación. Una vez Natasha se arregló, los dos tomaron un taxi directo para el hospital donde estaba internado Antonio. Allí el médico encargado, los atendió en su oficina. Todos tomaron asiento.

-Bien doctor, ya estamos aquí. La enfermera nos comunicó que Antonio había despertado. ¿Cómo está? –Le preguntó Lisandro.

-Aparentemente el señor Guarín puede estar recuperado del accidente que sufrió anoche –Respondió el médico-. Pero en realidad, aún sigue muy grave. Como les dije, tuvo un severo golpe en la cabeza que le dejó como consecuencia un peligroso hematoma interno, que por desgracia, podría resultar mortal para él sino se interviene a tiempo.

-¡Dios mío! –Exclamó Natasha sumamente angustiada- ¿A qué se refiere con que debe ser intervenido doctor? ¿Necesita una operación?

-Así es señorita, y una operación urgente –Dijo el médico-. Como ustedes sabrán, eso es algo que no cubre el hospital. A parte de que necesitamos la autorización de ustedes por ser las personas más allegadas al señor Guarín, también necesitamos una alta cantidad de dinero por ser este un hospital privado. De lo contrario, no pasarán ni tres meses cuando haya fallecido.

Frente a esas desalentadoras palabras, Lisandro se levantó muy consternado y salió de la oficina del doctor. En la sala de espera, se llevó las manos a la boca y no pudo evitar que sus ojos se nublaran de lágrimas. En ese momento, sonó su celular. Lisandro lo sacó de su bolso y vio en la pantalla que se trataba de su abuela Sofía, pero en lugar de contestar, ignoró la llamada y apagó su celular. 

Minutos después, Lisandro se acercó a la habitación en que estaba internado Antonio. Desde la ventanilla de la puerta logró verlo desde el interior, acostado en su cama con una enfermera cambiándole el suero. Lisandro pasó. Antonio lo vio y la enfermera salió inmediatamente para dejarlos solos. 

-¿Te sientes bien? –Le preguntó Lisandro. 

-Siento que me estoy muriendo –Respondió Antonio mirando hacia la pared-. No solo me duele todo el cuerpo, sino que también… tengo un dolor insoportable por dentro. Y no es para menos. Mis sueños se quemaron en una sola noche. 

-Antonio –Pronunció Lisandro sintiéndose impotente.

-En estos momentos ni siquiera sé qué pensar –Dijo Antonio-. Yo sé que no soy una buena persona, pero tampoco le he hecho mal a nadie. Es como si quisieran volverme loco con todas las cosas malas que me están pasando. Primero me culpan de algo que no hice, luego clausuran Antique Amor y ahora resulta quemada, sin contar que tengo que pagar unas indemnizaciones injustas a los clientes intoxicados…

-Lo siento mucho Antonio, de verdad, créeme que lo siento –Dijo Lisandro con la voz quebrantada-. Si todo esto te ha pasado, es por mi culpa. Si tu mundo se vino abajo es por mi culpa. Perdóname.

-¿Qué estás diciendo? Tú no tienes la culpa de nada Lisandro. Yo no tengo nada que perdonarte –Dijo Antonio.

-¡Sí soy culpable Antonio! Yo no puedo ignorar lo que está pasando –Dijo Lisandro-. Desde que llegué a tu vida, sólo me he convertido en la piedra en tu zapato. Sólo te he traído desventuras, amarguras. ¡Yo sólo he sido un estorbo para ti! ¿Acaso no lo ves?

-¿Pero de dónde sacas eso? Yo en ningún momento te he considerado un estorbo en mi vida –Dijo Antonio- ¡Escúchame Lisandro! En un tiempo, estuve equivocado contigo, muy equivocado, pero ya me doy cuenta que eres la persona más especial que he conocido, la que más me ha comprendido y me has demostrado que de verdad me quieres.

-¡Por favor calla! ¡Ya no quiero seguir escuchando! –Dijo Lisandro entre lágrimas.

-No. Ahora que tengo la oportunidad, no la puedo desaprovechar –Dijo Antonio reciamente-. Ahora es cuando debo decirte lo mucho que… que te aprecio Lisandro. Lo mucho que te quiero. Te convertiste en una parte muy importante de mi vida. Yo no quiero que te apartes de mí.

-¿Estás seguro de lo que dices? ¿Acaso no era Antique Amor el centro de tu vida? –Preguntó Lisandro.

-Me di cuenta que no. Una persona puede apegarse mucho a algo material como yo, pero de eso no queda nada –Dijo Antonio-. En cambio, vale más tener a mi lado a personas valiosas como tú, que de verdad me quieren por lo que soy. Por ti Lisandro, es que en este momento no tengo miedo de enfrentarme a nada. Me has dado tanto tu apoyo, que no me siento cobarde.

Y frente a eso, Lisandro sólo guardó silencio. No pudo contenerse y continuó llorando por los múltiples sentimientos encontrados que tenía: alegría por las palabras sinceras de Antonio, triste e impotencia por la situación, frustración. Antonio lo miró compasivo.

-¡Ya no sigas llorando más! –Le regañó Antonio en tono de broma- Mejor ven aquí. Te quiero abrazar. 

Lisandro se limpió las lágrimas, tomó aire profundo y fue hasta la cama, donde él y Antonio se abrazaron de manera amistosa durante un largo rato. 

-No puedo negar que todavía no sé cómo le voy a hacer para pagar la deuda que tengo con esos clientes –Dijo Antonio aún abrazando a Lisandro-. Pero estoy seguro que de alguna manera podré.

A las espaldas de Antonio, Lisandro se veía pensativo. Llegada la noche, Sofía estaba sola en su habitación de hotel, bebiéndose un vodka. De repente, tocaron la puerta. 



-Pasa Lisandro –Dijo Sofía.

Lisandro pasó a la habitación. Minutos antes, lo habían anunciado con Sofía desde la recepción del hotel. 

-Ponte cómodo. Toma asiento. ¿Quieres beber algo? –Le preguntó Sofía, pero Lisandro se quedó en todo momento de pie.

-Te lo agradezco abuela, pero no necesito nada. Estoy bien –Dijo Lisandro-. Vine hasta aquí para hablar contigo seriamente. 

-Bien, pues tú dirás. ¿Sobre qué quieres hablar? Aunque ya supongo qué por la cara que traes –Dijo Sofía.

-Accedo regresar contigo a Nueva York para casarme –Dijo Lisandro directamente-. Me casaré con una mujer rica tal y como quieres para sacarte de tu bancarrota.

En ese instante, Sofía rió con una enorme satisfacción de victoria.

-Pero sólo lo haré con un par de condiciones –Continuó hablando Lisandro-. Necesito que pagues una operación que Antonio necesita con urgencia y que luego, busques la manera de exonerarlo de la demanda que los clientes intoxicados levantaron contra él.

-Ya sabía yo que te ibas a sacrificar por ese miserable repostero que no vale nada –Dijo Sofía con severidad-. Pero está bien. Acepto tus condiciones Lisandro. Pagaré la operación de tu amiguito y ya que no puedo exonerarlo de la demanda, te daré dinero suficiente para que tú o ese imbécil, les paguen las indemnizaciones a los clientes perjudicados.

-Entre más pronto puedas darme todo ese dinero, más pronto podremos volver a Nueva York –Dijo Lisandro.

-Por supuesto. Te lo daré todo y en más tardar una semana, estaremos de vuelta en Nueva York –Dijo Sofía-. Pero antes, tú me conoces y sabes muy bien que soy una mujer bastante orgullosa. ¿No es así?

-¿Y eso por qué viene al caso? –Preguntó Lisandro.

-Por el simple motivo de que tu actitud me ha resultado bastante ofensiva –Respondió Sofía-. Por eso mismo, no pienso darte ningún dinero hasta que me ruegues perdón, suplicándolo de rodillas en este mismo instante.

-¿Qué? ¿Estás loca? ¡No pienso humillarme de esa manera! –Dijo Lisandro muy indignado- ¿Qué te has creído abuela? ¿Acaso no te es suficiente todo el daño que me has hecho y que por encima te atrevas a manipularme? ¡Estás acabando con mi vida!

-Tus palabras no me van a conmover Lisandro –Dijo Sofía cruelmente-. O es eso, o no te doy nada para que salves a Antonio. Ya sabes que él se está viendo muy afectado por tu culpa. 

-¡Cínica! –Le gritó Lisandro con los ojos sollozos- Todo lo que le está pasando a Antonio no es por mí, sino por ti. Lo estás usando a él para manipularme. ¿Cómo puedes ser tan miserable? ¡Eso eres! ¡Una vieja miserable!

De repente, Sofía le lanzó una fuerte bofetada a Lisandro llena de furia y acto seguido, le lanzó otra en la otra mejilla.

-¡Imbécil! ¡A mí no me trates de esa manera! –Gritó Sofía furiosa- Suplícame perdón inmediatamente por tu altanería. ¡Hazlo ahora y de rodillas! 

Lisandro miró a Sofía con lágrimas cayendo de sus ojos. Tenía los dos lados de la cara rojos por las fuertes cachetadas que Sofía le había propinado.

-¿Qué estás esperando? –Preguntó Sofía mirándolo intimidante.

-No pienso hacerlo. ¡No lo voy a hacer! –Dijo Lisandro exasperado.

-¿A no? –Dijo Sofía con sarcasmo- En ese caso, está bien. Disfruta cuando se lleven a ese asqueroso pastelero a la cárcel y que allá, pase sus últimos días, porque ya estoy enterada que el pobrecito no tiene esperanzas de vida si no se opera a tiempo –Y soltó una malévola risa- ¿De verdad quieres ver como se le desgració la vida a Antonio sólo porque tú te negaste a pedirme perdón? ¿Eso quieres Lisandro? ¿Quieres cargar con ese remordimiento?

Lisandro poco a poco, se fue inclinando. Sofía lo miró atenta, sonriendo con una enorme satisfacción. Finalmente, el joven se arrodilló completamente humillado ante su cruel abuela y entre lágrimas le pidió perdón:

-Per… perdóname abuela. Perdóname por favor por mi comportamiento. ¡Te ruego que me perdones! ¡Perdóname! –Dijo Lisandro destrozado y entre lágrimas.

Sofía se rió ante la escena. Luego fue hasta la cama y tomó un maletín. Lo abrió y dejó regar todos los fajos de billetes que había sobre el piso, frente a la mirada humillada de Lisandro. 

-¡Ahí tienes tu anhelado dinero grandísimo estúpido! –Exclamó Sofía tirando el vacío maletín- Esta sin duda va a ser una lección de la que te acordarás toda tu vida Lisandro. Toda tu vida. Ahora lárgate de aquí. La próxima vez que nos veremos será en el aeropuerto para regresar a Nueva York. Tu vida va a cambiar mucho de ahora en adelante. 

Horas después, Lisandro caminaba por las desoladas calles, cargando una bolsa con el dinero y llorando. Ya estaba cerca al apartamento de Natasha.

-Lo hice por ti Antonio –Dijo-. Solamente lo hice por ti, porque no quiero que tu vida se arruine por mi causa. 

Justo en ese momento, Lisandro vio a lo lejos a Marcus. Al parecer lo estaba esperando en la entrada del edificio. Marcus también lo vio y corrió hacia él. Lisandro se limpió las lágrimas, sin embargo la expresión triste de su rostro no la cambió.



-¡Lisandro! ¡Qué alegría verte! –Exclamó Marcus llegando a él- Me enteré de todo lo que pasó en Antique Amor. No te había llamado porque estaba muy ocupado en mi trabajo. Lo siento mucho…

-Gracias Marcus –Le agradeció Lisandro- ¿Me estabas esperando?

-Sí. Natasha me dijo que no estabas y que ya se estaba empezando a preocupar por ti –Dijo Marcus-. Así que decidí esperarte a la salida del edificio. ¿Estás bien? Parece como si hubieras estado llorando.

-Estoy… estoy bien –Mintió Lisandro-. Marcus. Pronto tendré que regresar a Nueva York con mi abuela. Lo pensé bien y creo que es lo mejor.

-¿De verdad? –Fingió Marcus estar sorprendido- ¿Y algo te motivó a tomar esa decisión?

-Sí, de hecho son muchos los motivos que más que motivarme, me obligan a tomar esta decisión –Dijo Lisandro-. Pero no puedo contártelos. La verdad es que me duele y me es muy difícil, pero a la larga será lo mejor. Disculpa que no te cuente.

-Pierde cuidado –Dijo Marcus-. ¿Te gustaría ir a tomar algo? ¿Me aceptas una invitación a café?

-Gracias, pero ahora no me siento bien Marcus. Estoy cansado –Se negó Lisandro-. Pero te prometo que podremos ir antes de que viaje. ¿Te parece?

-Lisandro, yo no quiero que te vayas –Dijo repentinamente Marcus-. Ya no puedo seguir ocultando lo que siento por ti. Desde que te conozco, no he podido sacarte mi cabeza. No puedo dejar de pensar en ti ni por un momento. Tú… me fascinas.

-¿Qué cosas estás diciendo Marcus? ¿Sabes? Me parecen demasiado obscenas tus palabras –Dijo Lisandro algo molesto- Hablamos después. Buenas noches.

Lisandro iba a seguir con su camino, cuando de repente, Marcus lo tomó bruscamente del brazo y lo arrinconó contra una pared.

-¿Acaso no me escuchaste Lisandro? ¡Te estoy diciendo que me gustas mucho! –Exclamó Marcus muy pegado a Lisandro, tanto así que el chico comenzó a asustarse un poco.

-Sí te escuché, pero ya te dije que ahora no es el momento –Dijo Lisandro-. Mejor apártate. Realmente estoy muy agotado y quiero irme a descansar. 

-¡Para ti nunca es el momento! Pero para Antonio, siempre estás dispuesto a todo –Dijo Marcus muy enojado- ¡Ya deja de preocuparte por ese imbécil! Busca alguien que de verdad quiera corresponder a tus intereses. Yo por ejemplo.

-¿Sabes qué? Esta conversación ya comienza a molestarme un poco, así que te pido de la mejor manera que te apartes Marcus –Dijo Lisandro-. Mis sentimientos son mis sentimientos. Tú no tienes por qué cuestionarme. ¿Qué te pasa?

-Pasa que ya no soporto más tu indiferencia. Quiero que seamos algo más que amigos. Quiero que seas mi amante. Quiero que estemos juntos –Dijo Marcus- Vamos ahora mismo a un motel.

Y justo cuando Lisandro escuchó las palabras de Marcus, no pudo de la indignación y lo empujó fuertemente.

-¿Cómo te atreves a proponerme semejante cosa? ¿Qué crees que soy? ¿Un gigoló? –Gritó Lisandro- Creí que eras diferente Marcus, pero me doy cuenta que no. Yo no soy como los demás, yo no soy como tú. Podremos tener en común las orientaciones, pero que te quede claro que soy muy diferente.


Lisandro le lanzó una mirada fulminante a Marcus y se fue caminando hasta el edificio muy enojado por lo que había acabado de pasar. Marcus se quedó furioso. Una vez Lisandro entró al edificio, subió al ascensor para subir al piso en que se ubicaba el apartamento. En el ascensor no había nadie más que él. Estaba pensativo y en un momento dado, rompió a llorar, derrumbándose. Trataba de contenerse, pero no podía.

CONTINUARÁ...